Las dos caras de los callos a la madrileña

Llámame melindroso, malcriado, asquerosito o directamente estúpido, pero los callos nunca han sido para mí plato de gusto. Me cuesta su textura gelatinosa, su sabor fuerte y -glups- sus ocasionales trocitos cartilaginosos, aunque debo decir que he aprendido a convivir con ellos. Vamos, que hoy puedo probarlos e incluso entenderlos, aunque siga sin lanzarme como un loco a pedirlos cuando los veo en una carta. Claro que hay callos y callos. Y los que traemos hoy a esta santa web son como para entusiasmar a gente tan poco callista como yo.…