El duelo a través de un sofá

John y yo compramos juntos el sofá cuando se mudó a mi apartamento en la calle 14. Digo “juntos” aunque quizá fue él quien lo pagó, como lo hizo con la mayoría de nuestras compras importantes en ese entonces. Ganaba cuatro veces más que yo. Elegimos el Beecroft, un sofá de respaldo delgado con descansabrazos bajos y patas de madera con ruedas de latón, cubierto con una funda de mezclilla blanca. No solo me sentí como un adulto comprando este sofá; me sentí sofisticado.…