Maduro y Cilita se vacunaron pero se nos mueren los médicos

25 Mar 2021 12:12 GMT

Leo con estupor las noticias de otras muertes en los médicos que nos atienden por COVID-19. Ahora mismo la muerte de la doctora Jefe de la sala de partos de la Maternidad Concepción Palacios, aquí …
Maduro y Cilita se vacunaron pero se nos mueren los médicos

Leo con estupor las noticias de otras muertes en los médicos que nos atienden por COVID-19. Ahora mismo la muerte de la doctora Jefe de la sala de partos de la Maternidad Concepción Palacios, aquí en Caracas, junto con otras dos mujeres, la enfermera Tibisay Ramos y la auxiliar de nutrición María Rodríguez. Y todo esto en ¡menos de una semana!

Ahora me pregunto: ¿cómo es que se están distribuyendo las pocas dosis de vacunas anti covid que han llegado a Venezuela? Entiendo que el trece de febrero llegó el primer lote de 100 mil dosis de la Sputnik V, y el día seis de marzo otro lote de igual cantidad. El presidente Maduro informó que el personal sanitario tiene prioridad, como debe ser y como se está haciendo en todos los países del mundo.

¿Y de qué número estamos hablando? ¿Cuál es la evaluación de médicos y médicas, enfermeros y enfermeras, bioanalistas, choferes de ambulancias, y todo el personal que labora en hospitales, clínicas, CDI, hospitales de campaña en las fronteras, etcétera, etcétera?

¿Serán acaso más de 200 mil personas? Seguramente. Pero lo cierto es que hay otros sectores de la población que están siendo vacunados y no son trabajadores de la salud, expuestos día a día al contagio, por cuidar la vida de los venezolanos.

En nuestro país, sancionado, con apenas el 1% de los ingresos que se recibían hace pocos años, la situación, apreciados lectores, es dramática. No hay, por lo visto, capacidad para adquirir las vacunas que se requiere para toda la población.

Hasta tal punto que me pareció acertado que se le otorgare permiso a Fedecámaras para comprar cinco millones de vacunas anti covid, ¿que serán utilizadas para quién? Para venezolanos, no importa la clase social. Y ojalá exista en esa organización la solidaridad necesaria para privilegiar a personal de salud, sobre todo los más vulnerables que se acompañan en fallas en los servicios de agua, carencias de insumos para desinfectar, etc.

Seguramente este artículo será tomado como anti revolucionario. No es así.

El hecho que aquí se destaque que el Presidente Maduro y su esposa Cilia Flores hayan ya sido vacunados, no parecería extraño para tan alto funcionario, al menos para Nicolás.

Pero el presidente de Italia, Mattarella, esperó su turno pacientemente, siendo de ochenta años, poniéndose en la lista cuando le tocaba. Y ciertamente no desvió vacunas que serían para sanitarios, a pesar de ser de tercera edad avanzada, de tener fuertes y grandes compromisos diarios con la política, y además de haber pasado el gobierno por una reciente crisis que ameritó reuniones y más reuniones, en el palacio presidencial Chigi.

Me contenté cuando vacunaron a nuestro Presidente por entender sus altas funciones y el peligro de una enfermedad en esta situación de un país agredido que requiere a su jefe máximo en plenas condiciones.

Igualmente defendí, en un programa reciente de Pérez Pirela por you tube, la vacunación que se hace a militares y fuerzas de seguridad por la misma razón: la necesaria alerta de unos cuerpos de seguridad para el país y sus habitantes, en perfectas condiciones de salud, en medio de la pandemia.

Pero… ¿cuántas vacunas o dosis tenemos en el país? ¿cuáles son los sectores prioritarios? ¿Cuándo nos tocará a los de tercera edad? Mientras tanto, encerrados en la casa, cuidándonos a capa y espada del contagio.

Pero me pregunto, ¿han contemplado a los abuelos en los asilos que existen en el país? ¿Han contemplado a los detenidos en cárceles y sitios de reclusión?

Pero primero es lo primero: nuestro personal de salud, los héroes en esta pandemia, los que nos atienden, cuidan, luchan por salvar vidas.

¿Y el necesario equipo de bioseguridad? ¿Hay para todos los hospitales?

Muy bien haber llegado al número mágico de 3.500.000 viviendas otorgadas dentro de la Misión Vivienda, incluso en sanción. Pero… ¿No debe haber la prioridad para cuidar y fortalecer, desde todos los puntos, a los hospitales y estructuras sanitarias varias? ¿No deberían desviarse esos recursos para la construcción de viviendas más bien para adquirir más vacunas y equipos médicos?

¿Y alguien podrá explicarme porque la esposa del presidente Maduro, que aún es joven y bien protegida por guardaespaldas y un entorno extraordinario, usó una de las pocas dosis de la vacuna anti covid para ella?

Esa dosis que podría haberse inoculado en la doctora Aida Lara, Jefe de la sala de partos de la Maternidad Concepción Palacios, que ayuda al nacimiento de criaturas venezolanas en una de las principales maternidades de Venezuela.

La información es que la muerte de esas tres personas ocurrió esta semana. Las vacunas llegaran el 13 de febrero y el 6 de marzo. Era factible. Era necesario. Era un deber.

Si en los países ricos del primer mundo, que ya han pagado millones de vacunas, hasta los mandatarios, políticos, y parlamentarios se cuidan de no sustraer dosis de vacunas destinadas a sectores priorizados, mucho más debería hacerse en Venezuela, país sancionado hasta la saciedad, donde no sabremos si llegarán vacunas para toda la población.

Por cierto, si la OMS , dentro del programa COVAX, manda la vacuna de AstraZeneca, yo tampoco la quiero. Espero la vacuna rusa, cuando me toque, ciertamente luego de los trabajadores de salud y los ultra-ochenteros.

En tanto, esperando ser vacunada, me quedo muy encerrada en la casa, mientras se pueda, y al salir, doble mascarilla.

Señores del Gobierno Bolivariano, la mayor atención a nuestro personal de salud es la prioridad absoluta.

La doctora Aida Lara quien aparece en una foto con trillizos recién nacidos, feliz por ayudar a la obra creadora, y sus compañeras, todas fallecidas por covid, deberían haber sido cuidadas y protegidas. Como así todos los otros venezolanos que ahora, en este momento que usted lee estas letras, están arriesgando su vida, en gran sacrificio, cumpliendo a cabalidad el Juramento de Hipócrates, en su parte más hermosa: "Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones".

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