El adolescente que se moría de cáncer y quiso conseguir la paz mundial (y amor) – Yahoo Noticias

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En el verano de 1986, con 15 años de edad, Jeff se dirigía en bicicleta hacia una tienda de electrónica local para comprar el último componente que necesitaba para un “súper láser” que estaba diseñando.

“Venía en la dirección opuesta, no me vio y me impactó directo. Me desplazó, como un cohete, unos tres metros hacia atrás. Caí en el suelo sobre la parte posterior de mi cabeza”, recuerda.

El adolescente no llevaba casco y el golpe le dejó inconsciente. Unas horas después, se despertó en el hospital. Parecía estar bien, así que fue dado de alta el mismo día.

“Dos ideas me pasaron por la mente. Una era perder la virginidad ese verano, algo que no funcionó. La segunda era completar mi proyecto del láser”, dice Jeff.

Era un adolescente ambicioso, cuyo sueño era trabajar en la NASA. Creía que la mejor forma de impresionarles era fabricar “el láser más increíble” que podría hacer rebotar el haz de un reflector que había sido dejado en la Luna por la misión espacial Apolo 11 de 1969.

The Day After (El día después). Se trataba sobre la URSS lanzando bombas nucleares sobre EE.UU. Yo tenía 11 años y la trama me asustó. Tenía pesadillas sobre una posible guerra nuclear“, recuerda.’ data-reactid=”79″>”A comienzos de los 80 había un filme de ficción llamado The Day After (El día después). Se trataba sobre la URSS lanzando bombas nucleares sobre EE.UU. Yo tenía 11 años y la trama me asustó. Tenía pesadillas sobre una posible guerra nuclear“, recuerda.

Jeff no solo soñaba con que su trabajo en la NASA, sino también con que esta organización cooperara con la URSS en lugar de competir con ella.

supe por su cara que no traía buenas noticias. Me dijo: “siento mucho comunicarte que tienes cáncer cerebral y es muy agresivo; crece muy rápido”, recuerda Jeff.’ data-reactid=”96″>”Cuando la doctora entró, supe por su cara que no traía buenas noticias. Me dijo: “siento mucho comunicarte que tienes cáncer cerebral y es muy agresivo; crece muy rápido”, recuerda Jeff.

El adolescente preguntó cuánto le quedaba de vida.

Pensaba que esas cosas eran para niños pequeños y yo no me sentía de esa forma“, explica Jeff.’ data-reactid=”106″>”Me contaban lo que haríamos: ir a Disneylandia y conocer algún atleta famoso. Pensaba que esas cosas eran para niños pequeños y yo no me sentía de esa forma“, explica Jeff.

El último deseo

La posibilidad de una bomba nuclear aterró a Jeff durante su niñez.

“Me enojaba que invertíamos tanto en armas nucleares. Pensé que, en su lugar, era mejor idea destinar recursos a la investigación contra el cáncer”, decía Jeff.

Así que le dijo a Matt y Teri: “Quiero viajar a la URSS y reunirme con Mijaíl Gorbachov (entonces jefe de Estado) para discutir un plan con el que poner fin a las armas nucleares y la Guerra Fría”.

Se produjo una pausa.

“Respondí que entendía completamente si no se podía cumplir, pero que ese era mi último deseo”.

Mijaíl Gorbachov se convirtió en el secretario general del Partido Comunista de la URSS en 1985.

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Aventura soviética

“Estas películas representaban a los soviéticos como militares determinados a destruir EE.UU.. Debo decir que acudí a un país militarizado de personas militantes. Sin embargo, me sorprendí bastante de las personas que conocí”, admite Jeff.

Jeff en Moscú con Youth Embassadors of America en abril de 1988.

Los integrantes de la organización con la que Jeff viajó querían comprobar si detectaban espías. Buscaban miradas furtivas u hombres vestidos con gabardina a su alrededor mientras recorrían el país.

“Nos quedamos como…’¡No puede ser! ¿Hablas en serio? Y él respondió: ‘¡Estoy completamente seguro! Cada vez que miro, ese hombre mira a su lado’. Parecía una película. El hombre vestía una gabardina y todo. Era alucinante”, recuerda Jeff.

“Creo que lo que más me asustó fue que una de las chicas, cuando regresó a su habitación, se encontró a dos hombres revisando sus pertenencias”, dice Jeff.

“Aquello fue un poco inquietante. Me preguntaba si también pudieron revisar mis cosas. Traía un regalo para Gorbachov y no quería que me lo robaran. Era el anuario de mi secundaria, firmado por toda mi escuela. Era un presente sencillo, pero me gustaba y esperaba que a él también”.

A Jeff le seguían asegurando que intentaban conseguir su reunión con Gorbachov. Un día, le dijeron que vistiera el traje que había traído para la ocasión y que esperara en el lobby a las 8 de la mañana del día siguiente.

“Queríamos aprender, viajar por el mundo, visitar nuestros países. Ninguna de estas intenciones eran facilitadas por la postura militar de nuestros países. Por eso quería hablarle y conocer qué pensaba sobre ello”, continúa.

Participantes soviéticos en una conferencia de jóvenes en Moscú.

Mientras esperaba en el lobby, un hombre de la oficina de Gorbachov vino con la mala noticia de que no podría reunirse con Jeff. Entonces, preguntó si sería posible reunirse al día siguiente pero le respondió que jamás podría conocerle.

“No sé cómo se frustró la reunión con Gorbachov. Quizás nunca se tomó en serio. Me sentía devastado”, lamentó Jeff.

“Me preguntó si había conseguido reunirme con Gorbachov. Respondí que no y ahí acabó el diálogo. Me hizo sentir que había fracasado”.

Jeff había completado su tratamiento antes del viaje y ahora se encontraba de vuelta a su vida normal en el colegio.

Una referencia clara a su cáncer. ‘ data-reactid=”309″>Jeff solo recibió un par de cartas en inglés, pero la profesora de ruso de su escuela le tradujo el titular del reportaje original: “Al irme, me quedaré”. Una referencia clara a su cáncer.

“Me hizo sentir que la muerte se acercaba otra vez y no quería ser el niño con cáncer. Así que tomé las cartas, las puse dentro de una caja y escribí ‘nostalgia’ encima'”.

Jeff apartó la caja con las cartas y continuo su vida. El tiempo pasó y su tumor no regresaba. Se mudó a Londres para estudiar en la Escuela de Economía y después regresó a EE.UU. para acudir a la Universidad de Columbia.

Vuelta al pasado

Un día del verano de 2008, a los 37 años, Jeff regresó al dormitorio de su niñez acompañado por su entonces esposa.

Estaba deshaciéndose de lo que ya no necesitaba o quería, organizando sus pertenencias y guardando el proyecto del láser que interrumpió años atrás. Mientras revisaba todo, se encontró con la caja y la palabra “nostalgia” encima.

Jeff recibió solo algunas de las cartas que le enviaron al consulado de EE.UU. en Rusia.

Se encontraba en un momento difícil en su vida. Tuvo que dejar su trabajo en la ONU a causa de convulsiones causadas por una cicatriz en su cerebro. Su matrimonio también se acababa. Esta vez, la caja fue una fascinación para Jeff.

“Las cartas me resultaban abrumadoras 20 años antes porque me recordaban mi cáncer, pero ahora eran bienvenidas”, dijo Jeff.

Jeff preguntó si, por alguna casualidad, su nombre era Svetlana. Así fue.

Sobre de una carta a Jeff de uno de los lectores de su artículo desde Smena, junio de 1988.

le operaron tres veces el cerebro durante el asedio de Leningrado y aún así logró sobrevivir. Le realizaron la cirugía en la misma zona donde tuve mi tumor. Era alucinante. Se sentía como si fuese mi madre” recuerda Jeff.’ data-reactid=”368″>”Algunas historias eran maravillosas. Una mujer de 80 años, Nina Ivanovna Dmitrieva, caminaba por Leningrado en los años 40 cuando una bomba explotó en un edificio contiguo que colapsó y cuyos restos cayeron sobre su cabeza. Le llevaron al hospital, le operaron tres veces el cerebro durante el asedio de Leningrado y aún así logró sobrevivir. Le realizaron la cirugía en la misma zona donde tuve mi tumor. Era alucinante. Se sentía como si fuese mi madre” recuerda Jeff.

Nina Ivanovna Dmitrieva sobrevivó al asedio de Leningrado.

Jeff también recuerda cariñosamente a otra mujer de 80 años llamada Nelly Slepkova, quien había sido geóloga.

“Me dijo que en su momento buscaban uranio para fabricar armas nucleares”.

Nelly Slepkova, geóloga.

Nelly Slepkova y Jeff se hicieron buenos amigos.

Jeff también tuvo la oportunidad de conocer al periodista que le entrevistó y luego escribió su historia años atrás.

“Conversamos intensamente. Me hablaba sobre su éxito profesional, pero al contrario que los otros rusos que conocí durante mi viaje, los escritores de las cartas, no quería hablar sobre su familia. Cuando le pregunté, me confesó haber tenido una ‘relación difícil con su padre’. Le comprendí inmediatamente. Yo no había resuelto mi relación con mi padre”.

El periodista Nikolai Sivach en 2011.

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Una nueva vida

“Cuando terminé, pensó por un momento y dijo: ‘es difícil escuchar estas acusaciones…’ y sentí enojo en mi interior, pero entonces continuó: ‘…idénticas a aquellas que yo también le lancé a mi padre'”.

Por primera vez, el padre de Jeff accedía a contar sobre su niñez. Su padre fue un productor de Hollywood, le explicó, y un ludópata.

“Mi padre repitió esa distancia, pero no la falta de cuidados. Nos mantenía y nos llevaba de vacaciones. Volvía a casa cada noche para la cena, incluso aunque fuese ya un poco tarde. El problema era que no podía conectar emocionalmente; no conseguía expresar sus emociones”, explica Jeff.

Jeff junto a sus padres, Robert y Phyllis Henigson.

una amenaza real para la existencia humana“.’ data-reactid=”517″>Jeff lamenta que una relación de confianza entre EE.UU. y Rusia parece distante y le causa ansiedad las vastas reservas de arsenal nuclear. Teme por el peligro de la proliferación nuclear, la cual considera “una amenaza real para la existencia humana“.

“Irán parece determinada a obtener armas nucleares. Turquía y Arabia Saudita no se quedarán de brazos cruzados si eso sucede. Por otra parte, EE.UU. se retiró del acuerdo nuclear”, opina.

“Rusia está invirtiendo en nuevos sistemas de armas nucleares y China podría doblar su arsenal nuclear en la próxima década. Aunque ya no me despierte con sudores fríos en la noche, creo que la posibilidad de una guerra nuclear se está volviendo probable. Hay mucho delo que preocuparse.

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