Análisis Microsoft Flight Simulator: Alzando el vuelo hacia la siguiente generación (PC, Xbox One) – Vandal

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Microsoft Flight Simulator es increíble. Lo dijimos cuando lo probamos por primera vez en el X019 durante un puñado de minutos. Lo volvimos a avisar en la preview tras dedicarle varias horas. Y lo recalcamos de nuevo en este análisis. Han pasado meses desde que vimos lo que era capaz de hacer el simulador aeronáutico de Asobo Studio, el estudio francés que venía de hacer un juego muy distinto (A Plague Tale: Innocence). Y aun así, cada vez que nos ponemos frente al teclado y al ratón para jugar al título que se publicó este 18 de agosto en exclusiva para PC (más tarde llegará a consolas Xbox), la primera sensación que nos invade es la incredulidad.

Un escenario de juego increíble: nuestro mundo

Realmente, el trabajo realizado por el mencionado estudio y el equipo de Xbox Game Studios que tenía lazos con los títulos originales – la primera entrega de esta saga se publicó en 1982, como nos recuerdan una y otra vez las pantallas de carga – no es ningún tipo de magia, a pesar de que pueda parecerlo. Tan solo es un uso inteligente de las tecnologías que nos rodean: datos abiertos en la red, satélites, mapas, información meteorológica y la nube, todo ello apoyado por cómo han mejorado las capacidades de recreación gráficas de las CPU y las GPU durante los últimos años.

A pesar de ser conscientes del tejido con el que se ha fabricado el producto, la sensación de que los pespuntes se han hecho con hilos mágicos no se nos va de la cabeza. Al fin y al cabo, estamos hablando de un juego que nos permite volar sobre cualquier lugar del planeta: Tokio y Madrid, los Alpes y la Cordillera Subbética, el Everest y el Teide, la preciosa localidad islandesa de Húsavík y tu pueblo. Todo el mundo está aquí, con un detalle sorprendente en las principales ciudades y entornos naturales del planeta; y con una recreación más modesta, pero aún así laudable, de los sitios más recónditos – siempre y cuando estemos conectados a internet, pues en caso contrario parecerá que volamos sobre capturas de pantalla de Google Maps.

Todo esto no serviría de mucho si jugablemente no se sostuviera. Por supuesto, habrá muchos jugadores que llegarán aquí por la viralidad del fotorrealismo y otros tantos que lo harán porque la versión básica del juego está en Xbox Game Pass para PC. Pero esto es un simulador, un título dirigido a un nicho de mercado compuesto por una comunidad de jugadores dedicada y entusiasta que llevan a sus espaldas, cientos, cuando no miles, de horas de vuelo. Y esa experiencia de sentirse como un piloto, es decir, de ser consciente de que estás haciendo que un cacharro de varias toneladas se eleve a 20.000 pies sobre el cielo, mientras que contemplas vistas espectaculares, y sabiendo que cualquier fallo en los sistemas del aparato pueden provocar el desastre, está representada impecablemente.

El mundo entero está bajo nuestros pies en este simulador. Las principales ciudades del mundo están recreadas con fotogrametría, luciendo con más detalle, pero todos los pueblos del planeta se pueden ver.
El mundo entero está bajo nuestros pies en este simulador. Las principales ciudades del mundo están recreadas con fotogrametría, luciendo con más detalle, pero todos los pueblos del planeta se pueden ver.

El diploma de piloto al alcance de tu mano

No os vamos a engañar. La primera vez que vimos por dentro la cabina de un avión nos echamos las manos a la cabeza. Indicadores, palancas, monitores, botones e interruptores de distinto tipo, recreados de manera fidedigna respecto a los aparatos reales, e incomprensibles para alguien sin experiencia en el pilotaje. Por suerte, no hace falta hacerlo, ya que el juego tiene en cuenta que habrá muchos que llegarán de nuevas. Hay muchas opciones de accesibilidad y asistencia, y todas ellas se engloban en tres modos de dificultad (que aquí representan la cantidad de cosas de las que hay que estar pendientes): asistencia total, moderada y realista.

El primero hace que pilotar un avión se sienta como una versión compleja de pilotar un coche sin asistencias en Forza Motorsport, recordándonos constantemente los controles básicos ya juguemos con teclado y ratón, apoyados con un mando o con sticks, pedales y palancas. El último nos pedirá desde que revisemos los distintos depósitos de combustible a avisar al control de aeropuerto que vamos a aterrizar. El paso de uno a otro no es cosa de una tarde, ni de dos; sino más bien de semanas aprendiendo los pormenores de la aviación, probando a desactivar una asistencia para ver si nos podemos apañar sin ella, y luego a desactivar otra.

Con más o menos ayudas, nos hemos sentido como el juego quiere que nos sintamos. Asombrados por todo lo que rodea a la aviación: por sus momentos de tranquilidad, por las situaciones de nerviosismo absoluto, por los paisajes que vemos desde las ventanillas y desde las cámaras libres, y sobre todo, por mostrarnos desde otra perspectiva las maravillas del mundo que nos rodea que, de manera consciente o inconsciente, Microsoft Flight Simulator nos recuerda que debemos preservar.

La recreación de la cabina de los aviones es espectacular en cada uno de ellos. La mayoría de estos aparatos son interactivos, y habrá que aprender a usarlos si desactivamos todas las opciones de asistencia.
La recreación de la cabina de los aviones es espectacular en cada uno de ellos. La mayoría de estos aparatos son interactivos, y habrá que aprender a usarlos si desactivamos todas las opciones de asistencia.

Pero tras todas esas sensaciones iniciales, conforme pasan las horas comenzamos a maravillarnos, también, por la recreación de esos aparatos que parecen futuristas cuando en realidad surcan nuestros cielos constantemente. Cada uno de los aviones (20 en la edición estándar, 25 en la Deluxe y 30 en la Premium Deluxe) se comporta de manera diferente. Conocerlos, dominarlos y apreciarlos por separado es un aprendizaje casi tan arduo como la eliminación paulatina de las asistencias. Sus diferencias los hacen más apropiados para unas u otras tareas, pero lo que hará que queramos probarlos todos será sentirlos: cómo se ven por dentro, cómo se manejan, incluso cómo suenan – en el vuelo no hay música, sino el relajante, y a veces inquietante, ruido del motor y de los sistemas digitales aeronáuticos, interrumpidos en ocasiones por la voz de la radio.

Aterrizaje forzoso

Aunque casi siempre se siente como una obra formidable, eso no quita que haya muchos peros que ponerle, más presentes y evidentes cuanto más horas juegas. Al principio, el tutorial, una clase de vuelo en la que una profesora nos va dando distintas lecciones, da la sensación de ser completa para sus objetivos. Pronto se ve que es demasiado escasa. Nos enseña a volar solo con una avioneta Cessna 152, algo muy distinto a lo que es manejar un Boeing 747; y deja de lado cómo funciona el sistema de comunicaciones con los aeropuertos, la administración del combustible y muchos otros aspectos. Pero al final, gran parte del aprendizaje se hace trasteando con los sistemas y acudiendo a tutoriales online. De la misma manera que al tutorial le falta contenido, los desafíos de aterrizaje son numerosos y variados; al contrario que otro modo, que nos invita a hacer vuelos con distintas paradas por entornos de ensueño, y que solo tiene tres trayectos distintos en el momento de escribir estas líneas.

También se le pueden poner pegas a su inteligencia artificial, pues en varias ocasiones el asistente de vuelo se nos ha vuelto loco y ha acabado dañando los sistemas del avión y dando al traste un vuelo con el que llevábamos un buen rato. Y parece mentira que no hayan pensado en que mucha gente entrará al juego por la curiosidad de ver la recreación de su localidad desde un avión: no hay manera de buscar en el mapamundi pueblos, ciudades o entornos naturales, tan solo aeropuertos – aunque sí se pueden sumar a ojo puntos al trayecto sobre el globo terráqueo.

El tutorial nos permite conocer los aspectos básicos de la aviación, como leer los indicadores. Aunque en algunos aviones son analógicos y en otros digitales, y a veces tienen formas diferentes, es sencillo hacerse a ello.
El tutorial nos permite conocer los aspectos básicos de la aviación, como leer los indicadores. Aunque en algunos aviones son analógicos y en otros digitales, y a veces tienen formas diferentes, es sencillo hacerse a ello.

Más allá de esos detalles, apreciaciones que se pueden sacar si uno se pone puntilloso, hay dos aspectos que sí son realmente problemáticos. Por un lado, está el sistema de monetización, habitual en los simuladores, pero no por ello menos criticable: además de que hay versiones del juego con más aviones y que se venderán vehículos, vendidos por desarrolladores terceros o por Asobo Studios a través de la tienda del juego, esto también ocurre con los aeropuertos creados a mano. Por ejemplo,el de Barajas no está en la edición estándar, sino en una de las más caras. ¿Qué pasaría si en un Forza hubiera circuitos con más o menos detalle según cuánto se pagase por el juego?

Por otro lado, está el rendimiento. Es indudable que Microsoft Flight Simulator es el juego más next-gen (con permiso de Half-Life: Alyx y The Last of Us: Parte II) que hemos visto hasta la fecha. Pero eso no justifica unos tiempos de carga que nos pueden tener esperando hasta cinco minutos al empezar un trayecto libre (algo menos en las actividades predeterminadas), ni tampoco que haya ralentizaciones notables cada vez que nos acercamos a una ciudad densa, sin importar si estamos jugando en un ordenador de gama media o en uno con componentes de última generación. Es, como fue Crysis en su día, un juego que en estos momentos no es capaz de funcionar a 60 fotogramas por segundo estables ni en la tarjeta gráfica que consideran “óptima” desde Asobo Studios: una RTX 2080.

Lo importante son las sensaciones

Aun así, cuando estás con un Boeing 787-10 Dreamliner en medio de un mar de nubes y de repente empieza a pitar algo, y al poner la cámara en la cabina descubres que los cristales están cubiertos de una capa de hielo, y que los motores están prácticamente congelados, y te agobias pulsando botones, palancas y menús para hacer algo que evite el desastre, poco te importan los eventuales fallos de rendimiento, o los tiempos de carga, o los abundantes micropagos. Estás tan metido en la simulación que ni siquiera aprecias la bajada de frames que ha ocurrido cuando te precipitabas hacia el mar. Y cuando todo acaba, para bien o para mal (en nuestra experiencia, fue la segunda opción), tan solo te sale resoplar para liberar parte de la tensión que has acumulado, antes de prepararte para otro vuelo.

En el juego podemos cambiar el tiempo atmosférico, el momento del día y la hora al vuelo, o jugar con la situación climatológica a tiempo real. Igualmente, podemos elegir jugar solos, con nuestros amigos o con todo el mundo.
En el juego podemos cambiar el tiempo atmosférico, el momento del día y la hora al vuelo, o jugar con la situación climatológica a tiempo real. Igualmente, podemos elegir jugar solos, con nuestros amigos o con todo el mundo.

Microsoft Flight Simulator se va a quedar instalado en nuestro ordenador (a pesar de su tamaño) durante mucho tiempo. Probablemente en un par de semanas ya no entremos de manera constante, pero este es un título en el que hay mucho por aprender con lo que ya incluye, que invita a volver eventualmente para relajarse en un trayecto ligero, y que no parará de mejorar, pulirse y actualizarse con contenidos gratuitos y de pago durante muchos años. Depende mucho del tipo de jugador que seáis que vuestra satisfacción con el juego sea como la nuestra (evidentemente, este no es un juego de experiencias rápidas e intensas), pero creemos que surcar los cielos en este simulador debe ser experimentado por todos los aficionados a los videojuegos. Y si lo podéis hacer con un joystick, mejor que mejor.

Conclusión

El simulador de vuelo de Asobo Studio es una de las experiencias más alucinantes que hemos vivido con un videojuego. Haciendo un uso inteligente de tecnologías y datos ya existentes, Microsoft Flight Simulator nos permite convertirnos en pilotos con un espacio de juego prácticamente infinito: nuestro mundo al completo, con sus grandes urbes, sus pequeños pueblos, sus profundos valles y sus enormes mares. Comenzar es sencillo gracias a sus opciones de asistencia, y poco a poco iremos aprendiendo los pormenores de la aviación y también las diferencias entre un reactor y uno de los enormes aparatos que usan las aerolíneas de pasajeros. No es perfecto, claro: hay fallos de rendimiento, tiempos de carga exasperantes, una falta ilógica de ciertas opciones y una evidente ausencia de tutoriales que nos obligarán a trastear o a navegar por internet para aprender. Pero a pesar de todo ello, esta tecnología vanguardista en forma de videojuego siempre es capaz de dejarnos boquiabiertos, incrédulos con lo que vemos en la pantalla. Es algo que todo jugador debería experimentar.

Hemos realizado este análisis con un código para PC, joysticks y pedales proporcionados por Xbox España.

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