A 32 años de la muerte de Don Ramón: cómo fue la vida de Ramón Valdés y su salida de El Chavo del 8 – Clarín

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Roberto Gómez Bolaños adornó de detalles cientos de libretos, pero las líneas que debía interpretar Ramón Valdés como Don Ramón estaban prácticamente vacías. “Sé tú mismo”, fue la única condición que le impuso antes de invitarlo a formar parte de El Chavo del 8, un programa que se convertiría en una aventura y que cautivó a más de una generación. No fue casualidad: Monchito –como lo llamaban– llevaba más de dos décadas en la pantalla grande cuando Chespirito decidió incluirlo en su proyecto. “Nadie me hacía reír tanto como él. Tenía una gracia superior”, describió el actor poco antes de partir.

Sin buscarlo, Valdés se convirtió en Don Ramón antes de que su personaje irrumpiera en la vecindad de El Chavo. Comenzó el 2 de septiembre de 1923, día en el que nació, y mantuvo ese perfil durante sus 64 años en los que disfrutó la vida.

A pesar de que no siempre tuvo su peculiar bigote a lo largo de su vida, hubo algo que nunca faltaba, el gorrito que cubría de a ratos dos de las cinco líneas que se dibujaban en su frente. “Mi papá tenía la misma forma de ser que el personaje. Era una persona graciosa que jugaba con todo el mundo. Un agasajo… También lo gruñoncito, ja”, le cuenta Carmen, una de sus 10 hijas, a Clarín.

Carmen, hija de Ramón Valdés, compartió fotos inéditas de su papá. (Twitter: @CarmenValdesJul)

Carmen, hija de Ramón Valdés, compartió fotos inéditas de su papá. (Twitter: @CarmenValdesJul)

Pero hasta ese 1971, cuando Bolaños le propuso personificar a Don Ramón, ya había aparecido en escenas de 70 películas: varias de ellas con Cantinflas o Pedro Infante, y tantas otras con su hermano Tin Tan. Aunque la amistad con Chespirito inició en la serie Los supergenios de la Mesa Cuadrada, siguió en la vecindad y se afianzó en El Chapulín Colorado, donde interpretó a Súper Sam, el Rascabuches, Tripa Seca y el pirata Alma Negra, además de su rol como Peterete junto a El Chómpiras en Los Casquitos.

Imagínate que triste sería -señala Carmen Valdés- que las nuevas generaciones no tuvieran la oportunidad de disfrutar, de crecer y reírse a carcajadas con esos maravillosos programas. Tengo la esperanza de que se va a solucionar”, explica ante la noticia de que ninguno de los programas de Roberto Gómez Bolaños puede emitirse a nuevamente a nivel mundial. Al menos, por ahora.

Las fotos inéditas de Ramón Valdés.

Las fotos inéditas de Ramón Valdés.

Monchito no contaba millonadas, ni le interesaba la fama. “No tenía ambiciones artísticas. Él quería ganar su dinerito y nada más”, describió Chespirito. Por eso debió ganarse la vida lejos del escenario, fabricando muebles o lanzándose como comerciante. Y, aun así, su economía no saneaba. No alcanzó a desempeñarse como jardinero, pero sembró tanto amor que María Antonieta de las Nieves, quien interpretó a La Chilindrina, llegó a quererlo como si fuera su papá. Y Angelines Fernández, La Bruja del 71, cubrió de lágrimas la sala de la funeraria el día que debió darle su adiós. También quedó tatuado en el corazón de su amigo Carlos Villagrán (Quico), el primero en abandonar el ciclo televisivo.

-Carlos Villagrán dijo que Don Ramón se solidarizó con su personaje y por eso abandonó el programa. ¿Fue así?

-Sé que hizo algunas declaraciones y es respetable, pero lo que mi papá a mí me contó es que empezó a haber un poquito de presión. Cuando Florinda Meza empezó a tener una relación fuerte con Chespirito, tomó un papel que no le correspondía, porque quería dirigir y tomar las riendas. Y eso a mi papá le causó molestia. Antes de tener un problema fuerte decidió dejar el programa.

Las fotos inéditas de Ramón Valdés.

Las fotos inéditas de Ramón Valdés.

-Pero después volvió un tiempo…

-Habló con Roberto y llegaron a un acuerdo. Mi papá volvió casi un año, pensando que las cosas iban a ser diferentes, pero no cambió nada. Ahí se fue definitivamente. Y fue lamentable. Eso no debió haber pasado jamás, pero son circunstancias.

Carmen Valdés sufría cuando Doña Florinda golpeaba a su papá frente a la cámara. “¿Por qué dejas que te pegue?”, le preguntaba. Y Ramón le decía: “Esto es lo que hay que hacer con tal de no trabajar”. Lo permitía, porque no tenía otra opción. Pero ahora, que Monchito ya no está para defenderse, su hija no dudó en responderle a la actriz tras acusarlo de “drogadicto” en una entrevista. “Yo respeto mucho a la señora -comenta- pero fueron declaraciones muy desafortunadas, muy injustas y sobre todo una calumnia. No sé de dónde lo sacó, qué soñó, o qué le pasó, pero es una versión falsa”.

La carrera de Ramón Valdés no terminó con aquel portazo a los ciclos de Chespirito. Intentó lucirse en la televisión venezolana a la par de Quico, pero no funcionó. Y redobló la apuesta con el propio Villagrán en 1987, con ¡Ah, qué Kiko! en la pantalla mexicana, un proyecto que duró apenas meses. También compartió escenas con un joven Luis Miguel y recorrió América Latina entre los intérpretes de un circo, hasta que su salud le impidió seguir adelante. “Desde que volvió de Lima, el último país que pisó por trabajo, estuvimos viviendo todos juntos con mi papá y disfrutándolo hasta el último minuto”, relata su hija.

Monchito no podía soltar los cigarrillos ni en los estudios de Televisa -donde estaba prohibido- pero su amistad con el presidente del canal lo eximía de culpas. La consecuencia fue irreversible: le detectaron un cáncer de estómago que luego afectó a la médula y así tampoco logró desprenderse de ese hábito. “Aun así seguía teniendo buen sentido del humor y ánimo. Dio y recibió amor hasta el último momento”, dice Carmen, a quien le enseñó a tocar la guitarra como sucedió con el Chavo en un icónico episodio.

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Poco antes de despedirse, Ramón le hizo una promesa a su familia. No era religioso, pero su fidelidad al catolicismo lo invitó a creer en la resurrección. Y cuando su hijo Esteban empezó a compartirle textos bíblicos, se convenció de que iba a reencontrarse con sus hijos una vez que partiera. “Un día –relata Carmen- en la clínica, se despertó y dijo: ‘No nos hemos puesto de acuerdo en dónde nos vamos a ver’. Mi tío Manuel le había llevado varias frutas. Así que agarró un durazno, se lo acercó a la nariz y nos dijo: ‘Así va a oler el arbolito en el que nos vamos a ver’. Mi papá murió con esa esperanza”.

Don Ramón no pagó la renta y debió abandonar la vecindad, pero nadie pudo quitarlo de la memoria. Y mucho menos del corazón.

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