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EE.UU cambia la estrategia hacia Venezuela

Bandera Venezuela con manos sugetandola

Aunque ocupa solamente tres párrafos, el comunicado del Departamento de Estado de EEUU, publicado el 9 de enero, sugiere a las visibles un considerable cambio de rumbo, no por lo cual pone sino por lo cual omite. No dice que tiene todas las configuraciones sobre la mesa. Tampoco pide la salida instantánea ni previa de Maduro como condición infaltante para emprender los cambios necesarios. Eso representa una situación muy considerable en términos diplomáticos y políticos.

El archivo, firmado por el secretario estadounidense de Estado, Michael R. Pompeo, sostiene que “una transición negociada ligera a la democracia es la ruta más eficaz y sostenible hacia la paz y la prosperidad en Venezuela”. Agrega Pompeo que “las negociaciones podrían abrir el sendero de la crisis por medio de un gobierno de transición que organizará selecciones libres y justas”.

El emprendimiento de Pompeo fija una hoja de ruta para que los dos comicios se celebren a finales del año en curso nacido hace poco. Para eso reclama una exclusiva e sin dependencia Comisión Nacional Electoral, elegida por la Asamblea Nacional (Parlamento), así como estipula la Constitución, para vigilar el desarrollo electoral.

Otros dos requisitos citados por Washington serían la actualización del Tribunal Supremo de Justicia, el más alto órgano del sistema judicial venezolano, de esta forma como el ingreso sin limites a instrumentos sociales para informar y comunicar, telecomunicaciones, internet y espacios en radio y tv de todos los candidatos, partidos y electorado.

Pompeo quiere unos comicios libres a todos los partidos y candidatos, lo que aparentemente va a tener a los chavistas del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), pero eso resulta fundamentalmente difícil ya que las 4 formaciones opositoras más destacables están proscritas y sus primordiales dirigentes, inhabilitados.

Esto tiene relación a:

  • Primero Unidad, partido del excandidato presidencial y exgobernador de Miranda, Henrique Capriles, culpado a 15 años de inhabilitación por corrupción por la Contraloría General de la República;
  • Voluntad Habitual, el partido que dirige Leopoldo López, en la actualidad acogido-refugiado en la Embajada de España en Caracas;
  • Un Nuevo Tiempo;
  • Acción Democrática.

Los tres primeros pertenecen a la primordial alianza opositora, Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

El cambio táctico resulta muy importante ya que a lo largo de meses el Gobierno de Donald Trump insistió en que “todas las configuraciones estaban sobre la mesa” en relación con la crisis en Venezuela. Eso significaba que integraba la alternativa militar, oséa, un ámbito con invasión de tropas terrestres y operaciones destacables.

A inicios del mes de diciembre pasado, nuestro Pompeo dejó entrever que el Ejecutivo estadounidense por el momento no barajaba la oportunidad de enviar a los marines, aunque no llegó a decirlo precisamente. En lugar de la alternativa militar, el secretario de Estado logró entonces mención a las sanciones económicas decretadas por EEUU contra la industria petrolera venezolana.

La iniciativa de utilizar novedosas sanciones es la que toma más fuerza y especialmente contra otros políticos, entre otras cosas, contra Luis Parra, un diputado de Primero Justicia que se pasó al oficialismo y se autoproclamó presidente de la Asamblea Nacional, desautorizando sin triunfo al jefe del Legislativo, Juan Guaidó.

Estados Unidos había pedido a Maduro desde enero de 2019 que dejara el país, y en abril de ese año Pompeo había dicho, tras un levantamiento militar sofocado, que el jefe venezolano poseía un avión listo para escapar a Cuba.

El brusco giro dado por la Casa Blanca es consecuencia de un grave fallo de cálculo político. El enviado particular de EEUU para Venezuela, Elliott Abrams, reconoció a la prensa que su país subestimó el respaldo de Rusia y de Cuba a Maduro, lo que fue a la postre un error garrafal. Moscú y La Habana “son los dos pilares de acompañamiento al régimen y, sin ellos, [Maduro] no podría estar en el poder”, ha dicho el veterano gerente diplomático estadounidense, quien se siente evidentemente “frustrado” por la de hoy circunstancia de la crisis que atraviesa la nación caribeña.

USA ve que sucedió 2019 y Maduro sigue en el Palacio de Miraflores, y a lo mejor busca cambiar su caja de utilidades (sanciones, amenazas, bloqueos, cerco diplomático y político) por una exclusiva que ponga rumbo hacia una satisfacción negociada. A Trump le agradaría que fuera este año para mostrarla como un logro de cara a su reelección en noviembre.

“Tampoco es descartable que busque mover a Maduro hacia la disyuntiva de llevar a cabo concesiones o afrontar más grande riesgo. En fin, se ve que alguien en Washington relee a Kissinger”, sostiene un experimentado periodista venezolano.

No obstante, las negociaciones de las que habla el Departamento de Estado suenan en estos instantes a meras ilusiones, porque el desarrollo de diálogo abierto por medio de los mediadores noruegos está suspendido ya hace semanas. Hace unos cuantos días, nuestro Guaidó anunció a la opinión pública nacional e en todo el mundo de que llegaba a Caracas una comisión del Reino de Noruega, pero agregó que no iban “a formar parte en ninguna actividad social”, más que nada luego de los accidentes sucedidos el 5 de enero, cuando un grupo de soldados y policías le imposibilitó ingresar en el edificio de la Asamblea Nacional para ser reelegido un año más en el cargo.

Tras su vano intento, Guaidó organizó una sesión única en el períodico El Nacional, donde fue ratificado por 100 diputados contrarios de los 167 con que cuenta la Cámara.

Otra razón para el cambio de opinión de Pompeo radicaría en las considerables diferencias reglas y personales que ya están entre la oposición venezolana. No aprendieron de los fallos de antaño y su unidad se resquebraja. Guaidó, que no consiguió bastante en este último año como “presidente solicitado” de Venezuela, está cada vez más enfrentado a los sectores radicales de la oposición que benefician la utilización de la fuerza militar para echar a Maduro del poder.

El choque más sonado contra Guaidó lo ha protagonizado María Corina Machado. La mediática coordinadora del movimiento Vente Venezuela ya denunció que la dirección de la Asamblea Nacional está “infiltrada” y que lleva al país a “falsos conversaciones” y a “cohabitaciones criminales”. La intransigente pero habitual María Corina Machado ha proclamado, por activa y por pasiva, que Maduro “sólo cede frente la fuerza” y ofrece una acción conjunta en todo el mundo, en tanto que Guaidó considera, hasta la actualidad, que ese sendero no posee sentido, ya que es muy arriesgado y riesgoso.