Los ingeniosos trucos de gente que mintió en su currículum para lograr empleo

La desesperación es la peor de las cualidades a la hora de buscar trabajo. Cuando llevas meses intentando conseguir empleo parece que ya solo un milagro venido del cielo puede ser la causa de que finalmente salgas victorioso. Lo peor de todo es la bajada de autoestima que te produce la sensación de que nadie quiere apostar por ti. Vas a tener que lidiar con el «no» un montón de veces, pero tranquilo: al final encontrarás lo que buscas en base a tus méritos y tus habilidades, aunque ahora lo veas todo muy negro.

Esa desesperación te lleva a cometer errores que pueden ser la causa directa de que no te den el «sí». El más común de todos, mentir descaradamente sobre tus aptitudes. La más común de todas, y en la que casi siempre te suelen pillar, es a la hora de declarar tu verdadero nivel de idiomas, el mayor hándicap de los españoles, según un estudio de la agencia ‘Job and Talent’. La siguiente es la relacionada con las habilidades informáticas (eres muy hábil con el Photoshop pero llevas sin usarlo años, y a la hora de la verdad, te das cuenta mal y tarde). También exagerar nuestras funciones en un antiguo empleo. Puede que tu desempeño en tu anterior empresa fuera importante, pero tampoco resultaría tan decisivo para el transcurso de la actividad.

Estaba aterrado. Había estado en entrevistas, pero esta era una reunión con tres tipos en una sala de conferencias

Los expertos en contratación están divididos. La verdad es clara: hay mentiras que se pueden contar y otras que en absoluto. El grado que las separa ya es personal: solo tú debes saber por qué quieres optar a determinado empleo y si eres capaz o no. Y en caso de que te cojan, si andas algo oxidado, ponerte al día lo más rápido posible para que no te pillen y acabes de nuevo en la calle. Muchas personas todavía se arriesgan y apuestan por la mentira como garantía de éxito. La revista ‘Mel Magazine’ ha hablado con tres de ellas para saber con exactitud cómo lo hicieron y si les ha ido bien hasta ahora.

Una gran mentira

Joe no tenía ni idea de lo que significaba ser un trabajador «de cuello blanco». Su anterior empleo consistía, como tantos en nuestro país, en la hostelería. Mientras, intentaba cumplir su sueño de relanzar su carrera de músico en una banda, pero todo salía mal. Un día, un compañero suyo que también trabajaba en una gran compañía, le contó que buscaban gente para ejercer de apoyo informático. «Iba a hacer 30 años y no había estudiado ninguna carrera«, confiesa. «No fui nunca a la universidad y no tenía experiencia trabajando en informática o en aplicaciones de oficina. Solo sabía usar Windows y lo máximo que podía hacer era instalar videojuegos en el ordenador. Así que mentí en la mayor parte de mi currículum».

Obtuve el trabajo y tuve que estudiar aún más. Como no tenía práctica, los primeros días me los pasé todo el rato preguntando

«Tomé el poco historial laboral que tenía y decidí convertirlo en algo relacionado con las Tecnologías de la Información», relata. «Llevaba trabajando en restaurantes durante años, lo que había hecho que me familiarizase con los sencillos soportes informáticos que usábamos para cobrar la cuenta. Así que traté de hacer que pareciera que realmente era un mago de los ordenadores». Entonces, puso que trabajaba con redes de puntos de venta. «No adjunté ningún certificado, ya que podían ser comprobados». También alegó que era todo un experto en grabación digital y en el sistema MIDI, algo relacionado con las Tecnologías de la Información pero no necesario para el puesto al que optaba. Cuando le llamaron para la entrevista, devoró el libro ‘Networking para Dummies‘ de Nohelis Ruiz Arvelo. «Pasé horas mirando diagramas y aprendiendo los nombres de las cosas básicas».

«Estaba aterrorizado», reconoce. «Anteriormente había estado en entrevistas en las que hablabas con alguien, pero esta iba de una reunión con tres tipos en una sala de conferencias, algo completamente diferente». Al final, le hicieron muchas preguntas. «Les expliqué que estaba familiarizado con cosas relacionadas con mi pasado laboral, pero que no tenía ni idea de conocimientos específicos. Sorprendentemente, la entrevista me salió muy bien, o eso creí al salir. Había veces que reconocía no tener ni idea de algunos sistemas informáticos, pero hacía como que no había entendido las preguntas».

Joe es la prueba factible de que si tienes confianza en ti mismo y en lo que haces, las cosas acaban saliendo. «Obtuve el trabajo y cuando empecé tuve que estudiar aún más. Como no tenía práctica, los primeros días me los pasé todo el rato preguntando cosas. La única persona que sospechó que había mentido fue muy duro conmigo al principio. Pero al final de mi primer año en la empresa, me gané toda su confianza».

Ahora, todo le va bien. «He sido ascendido hasta cuatro veces. Doce años después, soy director de un departamento y la compañía ha crecido el doble. La causa de mi éxito fue mi predisposición a sumergirme en cosas totalmente nuevas a la hora de la verdad: muchas personas delegan este problema en terceros, pero para mí fue toda una oportunidad. No me siento culpable ni creo que debería. Lo hice porque sentía que debía entrar en el mundo de las carreras profesionales y olvidarme de los trabajos de mierda».

«Todo mi CV es un invento»

«Soy un desertor de la escuela secundaria». Así comienza la historia del diseñador particular de camisetas KPC. «Nunca me habían contratado, pero no solicité nada demasiado difícil: tan solo ser guardia de seguridad. Si me pedían que acreditase la experiencia, tan solo alegué haber trabajado antes en este tipo de empleo, luego me asesoría en Internet para buscar algún tipo de cualificación profesional relacionada con el campo y falsificarla. No exactamente para el empleo que estaba solicitando, pero sí de relacionados con ese ámbito. Honestamente, nadie se tomaría la molestia de comprobarlo, supongo que por pereza».

Tenía una buena razón: llevaba 5 meses en paro y tenía que dar de comer a mi familia, así que pensé: ‘Voy a conseguirlo como sea’

«Básicamente, todo mi currículum es un invento, incluidos los diplomas», reconoce. «Me pedían diplomas acreditados y no tenía ni uno, así que descubrí un vídeo en el que enumeraba las formas más perspicaces de falsificarlos, y pensé que podía hacerlo. Luego, fui al Office Depot (una de las cadenas de artículos de oficina más famosas del mundo) y compré varios artículos para hacerme fotos y que vieran que pareciera que tenía experiencia. Y por lo demás, siempre que opto a un trabajo recurro a Google para informarme. Por ejemplo, si me llamaban para un puesto en una empresa de limpieza de alfombras, la noche anterior buscaba la descripción del trabajo. Y me aprendo al dedillo lo que cuenta la gente que ha trabajado en esos sitios».

«Solo me pongo nervioso cuando me preguntan por antiguos trabajos», expresa. «Entonces, tengo que improvisar. No me siento en absoluto culpable. En definitiva, tienes que mentir, engañar y robar para conseguir un empleo, y no me siento mal con ello, ya que lo prefiero a tener que robar. No haces daño a nadie. Venga, corre a hacer realidad tus sueños y haz lo que quieras hacer. Si de verdad lo quieres, vas a poner todos los medios de tu parte para obtener el puesto».

Una situación desesperada

Ricky, de 49 años, reconoce que solo mintió en su currículum cuando quiso entrar a trabajar como jefe de proyectos en una empresa de informática. Consciente de que se trataba de un puesto altamente cualificado al que tenía muy pocas posibilidades de llegar, se postuló como candidato en más de 100 ofertas. «También mentí sobre el título de mi trabajo, ya que en realidad era jefe de cuentas, pero para ser justos, el trabajo que realizaba anteriormente se llamaba así». Por ello, llamó a su anterior jefe y le dijo que si alguien le preguntaba para obtener una referencia, le dijera que era jefe de proyectos. Él aceptó.

«Esos pequeños cambios me llevaron a la vida que tengo ahora», confiesa. «Hay ciertos trabajos que consideran la experiencia y el conjunto de las habilidades son la misma cosa, por lo que aquí lo más importante era que vieran que llevaba años realizando las mismas tareas. Para mí, fue un enigma moral, ya que siempre me había considerado honesto, no sabía cómo iba a gestionar la mentira. Pero tenía una buena razón: llevaba cinco meses en paro y tenía que dar de comer a mi familia, así que pensé: ‘Voy a conseguirlo como sea’. Al fin y al cabo, no estaba haciendo mal a nadie». Al principio sintió muchos nervios al saber que estaba mintiendo. «Finalmente, me di cuenta de que no me iban a pillar y que lo había hecho bien», concluye. «No me siento mal en absoluto, tan solo tengo confianza en mis habilidades. Probablemente volvería a mentir, pero solo si lo necesitara».

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