La fuga más famosa de un campo de concentración nazi

«Querida Helena: me encantó recibir tu carta el otro día y saber que estás bien. Por favor, ofrece mis felicitaciones a Edward por su matrimonio. No tengo la oportunidad de hacer lo mismo dadas las circunstancias». Con estas emotivas palabras, Bertram James, héroe de la Real Fuerza Áerea británica (RAF) en la Segunda Guerra Mundial, quiso extender la enhorabuena por la boda a uno de sus mejores amigos, a la vez que bromeaba sobre la imposibilidad de hacer lo mismo que él. Dicho documento está valorado en 300 libras (unos 347 euros aproximadamente), y está englobado dentro de una colección con las demás pertenencias del soldado que a su vez se espera que alcance un precio total de 5.000 libras (unos 5.795 euros aproximadamente)

La misiva, fechada el 30 de agosto de 1942 en pleno conflicto, fue escrita en Stalag Luft III, un campo de prisioneros dirigido por la Luftwaffe situado en un bosque en las cercanías de la ciudad de Sagan, en Baja Silesia, a unos 160 kilómetros de Berlín. Allí, los militares de la defensa británica contra los nazis eran retenidos y sometidos a trabajos forzados, entre los que se encontraba James. Su historia fue llevada a la gran pantalla en 1963 por John Sturges, titulada en España ‘La gran evasión’. Hoy, 77 años después de su cautiverio, sale a la luz esta emotiva carta escrita por uno de los supervivientes a la debacle que supuso la Segunda Guerra Mundial.

¡Todos deberíamos tener el derecho de morir! Se cavarán tres túneles: Tom, Dick y Harry. ¡Uno de ellos será por el que escaparemos!

Bertram James nació en la India, pero fue educado en el prestigioso The King`s School, en Canterbury. Sus amigos le llamaban Jimmy y sus aventuras comenzaron en 1940, cuando ingresó como oficial piloto estacionado de la RAF en Suffolk. Por aquel entonces los nazis dominaban todo Europa occidental: los Países Bajos estaban llenos de enemigos y Francia estaba dividida. Los planes de Hitler apuntaban a las islas británicas, y el general Sir Winston Churchill ideaba la defensa. La primera prueba de fuego que tuvo que pasar el joven Jimmy fue el derribo de un bombardero Wellington en el que iba subido, acaecida el 5 de junio de 1940.

Fotograma de 'La gran evasión', de John Sturges.
Fotograma de ‘La gran evasión’, de John Sturges.

Pronto, fue capturado y llevado a un campo de prisioneros en Barth, Alemania. Los meses pasaban y este «miserable y pequeño agujero», como él lo describe según recoge ‘The Independent’, se fue llenando de tropas aliadas al intensificarse las maniobras militares en el continente. Esto le sirvió a James para probar suerte con una primera fuga, que no tuvo éxito. Para castigarlo, los nazis le trasladaron a Stalag Luft III, un lugar específicamente edificado para albergar a los presos de las tropas aéreas contrarias a los nazis, diseñado por el mismísimo Hermann Göering, una de las cabezas del Partido.

A su llegada en 1943, el plan ya estaba trazado. El líder del escuadrón de la RAF Roger Bashel, interpretado en la película por Richard Attenborough, concibió el plan como una auténtica fuga masiva que tendría lugar la noche del 24 de marzo de 1944. «Todos los que se encuentran aquí en esta sala viven un tiempo de prestado», dijo en uno de los discursos al resto de soldados presos, recogido por ‘Pegasus Archive’. «¡Todos deberíamos tener el derecho de morir! Se cavarán tres largos túneles: Tom, Dick y Harry. ¡Uno de ellos será el que nos ayude a escapar!».

El gran plan contemplaba la salida de cerca de 600 presos, y es precisamente aquí donde residía la única posibilidad real de escape, ya que se trataba de una fuga masiva llevada a cabo en tres túneles. Los guardias nazis, por mucho que quisieran, no podrían encontrar el modo de controlar el flujo de tantos presos. Así fue como, de los 600 hombres que trabajaron en la construcción de los mismos, solo lograron escapar 200.

La noche de la fuga fue, según informa el diario británico anteriormente citado, la más fría de los últimos 30 años con temperaturas bajo cero. James y su compañero, el oficial Sotirios Skantzikas, se disfrazaron de trabajadores yugoslavos para poder desplazarse una vez estuvieran fuera. Conocidos como «el grupo de los más duros», se deslizaron por el túnel Harry construido en el asiento número 13 del teatro del campamento. Llegaron a la estación de Hirschberg West con la esperanza de coger un tren, pero la Gestapo les capturó antes de que pudieran hacerlo.

James fue llevado al campo de concentración de Sachsenhausen, en Brandeburgo. Por aquel entonces no sabía la magnitud del desastre que ocasionarían los nazis en toda Europa. Una vez allí, se sorprendió de la violencia empleada con los prisioneros, en su mayoría judíos, y el exterminio que les aguardaba en las cámaras de gas o las ejecuciones aleatorias. En más de una ocasión nuestro héroe estuvo a punto de ser uno de los ajusticiados, pero tuvo suerte y finalmente consiguió salvarse.

La idea de los túneles volvió a materializarse. Acompañado de otros cuatro compañeros, el 23 de septiembre de 1944 logró volver a escapar de las garras nazis utilizando cuchillos para cavar un túnel de más de 110 metros de largo. Pero de nuevo le volverían a capturar pasadas varias semanas y llevado de nuevo a Sachsenhausen para ser puesto en régimen de confinamiento solitario. Allí se sucedieron las torturas de los guardias, los simulacros de ejecución y, por supuesto, no recibieron nada de comida. A medida que el ejército de la Unión Soviética avanzaba sobre el territorio europeo, los prisioneros fueron trasladados hacia el sur de Alemania. Tras un tortuoso recorrido por los campos de concentración de Dachau y Flossenburg, James y otros soldados fueron liberados por los partisanos y las tropas del ejército de Estados Unidos en mayo de 1945.