Mickey Rourke: Nueva y drástica cirugía lo deja prácticamente como si fuera otra persona

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Una auténtica adicción resultan las cirugías para los famosos. Algo que para la gente de barrio parece incomprensible: ¿Por qué una celebridad millonaria y bellísima se deforma de ese modo? Pero es un error gastar energía en obtener respuesta; cada cuál con sus cuestiones. Estamos en el Siglo XXI y, al fin de cuentas, para comprender lo que hace un superfamoso habría que ser un superfamoso.

Mickey Rourke, el galán de los años 80, se ha vuelto el ícono de los hombres operados desafortunadamente. Algo así como una Meg Ryan, o una Melanie Griffith del universo masculino. Ya desde hace años que el señor quedó muy, pero muy distinto de cómo era. Pero la prensa acaba de descubrir un retoque más.

Ha quedado lejos ya 1986, el año donde el hombre robó suspiros en Nueve semanas y media. Desde entonces Mickey Rourke se alejó del cine y quedó prendado de los quirófanos. Rourke, que siempre explicó su pasión por las cirugías por su aficción al boxeo (““Me rompí la nariz dos veces, así que me realizaron cinco operaciones y otra más por una rotura del pómulo”) ha quedado realmente irreconocible tras su última operación.

Alguna vez, durante la primera década del 2000, reconoció que había acudido al doctor “equivocado” para recomponerse tras una pelea. Desde entonces, sin embargo, Rourke le tomó el gusto a liftings, botox, rellenos, estiramientos, reconstrucciones. La última novedad apareció esta semana: un injerto capilar de lo menos creíble. Y Mickey Rourke volvió a ser noticia. Pero no por la actuación, sino por su aspecto que raya en lo caricaturesco.

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