¿Un kebab al volver de fiesta? Por qué el alcohol da ganas de comida basura

No hay zona de copas en la que, además de bares y discotecas no haya uno o varios restaurantes especializados en comida rápida. Muchos deciden hacer un alto a mitad de la noche para ‘meter algo en el estómago’ o ‘empapar’ lo que se han bebido, pero además del hambre que pueda haber a esas horas hay también una razón científica para atacar a la comida basura.

Un equipo de investigadores de la Universidad del Estado de Pensilvania ha descubierto que existe un circuito compartido en el cerebro que podría explicar la asociación entre beber alcohol en exceso y la comida basura. Tal y como recoge Infosalus, los científicos explican que «la obesidad y el alcoholismo, dos de los trastornos crónicos más comunes en Estados Unidos, pueden estar relacionados con que el consumo excesivo de dietas ricas en grasa y el abuso de alcohol pueden utilizar el mismo circuito cerebral«.

El estudio se ha realizado con ratones machos a los que se dividió en tres grupos: uno de ellos siguió una dieta rica en grasas y pudo beber cuatro días a la semana alcohol mezclado con agua; el segundo grupo pudo beber lo mismo, pero su dieta era específica para roedores; y el tercero pudo beber lo mismo y su dieta alternó entre la rica en grasas y la específica para ratones. Además, todos los roedores tuvieron acceso constante a una fuente de agua potable.

Datos concluyentes

El tercer grupo, el que tuvo una alimentación que alternaba las grasas con la específica para ratones, fue el que más alcohol bebió, prefiriéndolo al agua potable, y también fueron los roedores que más engordaron al cabo de las ocho semanas que duró el estudio. Se cree que los atracones que se daban en las horas que tenían acceso a la comida con más grasa es lo activaba ese circuito del cerebro.

El estudio mostraría la relación entre el alcoholismo y la obesidad (EFE/Nic Bothma)
El estudio mostraría la relación entre el alcoholismo y la obesidad (EFE/Nic Bothma)

Los otros dos grupos bebieron menos alcohol, pese a tenerlo disponible, y también engordaron menos, por lo que el estudio sugiere que cuando se limita el acceso a cierto tipo de alimentos como los de la comida basura, se promueven patrones de alimentación que provocan que los animales se den esos atracones.

Y son esos atracones de grasas los que activarían el circuito en el cerebro que nos hace beber más alcohol del necesario. Para Caitlin Coker, primera autora del estudio, «este nuevo modelo de ratón será de importancia crítica en el futuro cercano, dada la creciente tasa de consumo excesivo de alcohol y las tasas de obesidad en general».

El consumo excesivo de dietas ricas en grasa y el abuso de alcohol pueden utilizar el mismo circuito cerebral

Por el momento, los resultados del estudio no se pueden trasladar a los humanos, ya que se necesitarían repetir los experimentos y adaptarlos a nuestras características específicas, pero sí pueden ser la base sobre la que se sustenten próximas investigaciones que arrojen luz sobre las decisiones que tomamos y cómo se ven afectadas por factores como la alimentación.