Salud mental en tiempos de crisis: ¿qué recomiendan los psicólogos?

Las psicólogas María Adela Alvarado, María Del Carmen Miguez e Isamary Arenas ofrecen siete recomendaciones para manejar la tristeza, la frustración y la angustia, en medio de los esfuerzos por resolver los problemas del día a día. Además, explican la dinámica de las redes sociales en el apoyo emocional.

Una mujer se ofrece en redes sociales a llamar y escuchar a los que están solos en sus casas. Un hombre, que se presenta como psicólogo, da su correo electrónico en Twitter para atender de forma gratuita a los que deseen desahogarse. Los vecinos se reúnen en las áreas comunes de los edificios para conversar mientras dure la luz del día. Incluso, algunos juegan dominó. Desde la tarde del jueves 7 de marzo, la cotidianidad está alterada. Después del apagón masivo, la energía eléctrica se ha restablecido de forma parcial e interrumpida en algunos sectores del país. Las clases y la jornada laboral están suspendidas. El servicio de agua por tuberías está paralizado. En medio de la crisis, buscar apoyo y compañía también debe ser una prioridad para mantener la salud mental y emocional.

El diagnóstico: población en constante estado de alerta

“Esta tragedia que vivimos hoy los venezolanos nos viene golpeando desde hace muchos años. Los ciudadanos adaptaron sus rutinas a la escasez de los servicios y las necesidades más básicas. Esto significa que muchos ya tienen mermados sus recursos mentales y emocionales”, dice la psicóloga clínico María Adela Alvarado, miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas (SPC). “Esta situación nos enfrenta a miedos y angustias primarias, relacionadas con la subsistencia del día a día de nosotros y de aquellos que dependen de nosotros”.

Alvarado explica que la mayoría de la población no piensa en otra cosa que no sea superar las dificultades. Muchos no tienen oportunidad de reflexionar sobre sus emociones. “Lo que ocurre hoy en el país actúa de forma similar a una catástrofe, es una situación traumática”.

La psicoanalista María Del Carmen Miguez, también miembro de la SPC, advierte que la incertidumbre “va mermando la capacidad para las respuestas adaptativas y resolutivas, las capacidades cognitivas y de procesamiento de información interna y externa”. Las personas se encuentran en un constante estado de alerta y “la precariedad en la que estamos puede tener consecuencias a largo plazo. Ya podemos observar los efectos de la violencia y la confrontación. Venezuela funciona en estos momentos como una moledora de gente”.

Sin embargo, es necesario recordar que adaptarse no es acostumbrarse a la crisis, tampoco normalizar la inestabilidad. En la medida de la posible, debemos utilizar herramientas para mitigar la angustia y la frustración. “Lo más importante es no aislarnos, mantenernos en relación con otros y afianzar las redes de apoyo en este momento”, dice Isamary Arenas, psicóloga clínico y psicoterapista de adolescentes y adultos.

Las psicólogas María Adela Alvarado, María Del Carmen Miguez e Isamary Arenas ofrecen  siete recomendaciones para mantener la calma y manejar la tristeza, la frustración y la rabia.

Las recomendaciones

1. Buscar apoyo en círculos cercanos

Miguez recomienda fortalecer y mantener los vínculos y la solidaridad con los más cercanos, “que muchas veces no son los familiares, sino el vecino o el que está detrás en la cola para comprar algo”. Esto ayuda a ser resilientes, es decir, tener la capacidad para superar situaciones adversas, explica Alvarado. Para esta psicóloga, “en una crisis la angustia puede llevarnos a perder el sentido de la identidad. Es muy importante no aislarse, por el contrario, debemos buscar apoyo en el grupo social, buscar al vecino, comunicarse con la familia, expresar lo que se siente. Esto nos ayuda a volver a sentir quienes somos y ver la realidad tal y como es”.

En casa puede sentirse un ambiente tenso. Las personas son sensibles a cualquier estímulo. “La tensión es natural. Una discusión es algo que puede suceder, y que seguramente va a suceder, en cualquier familia”, dice Arenas. “Son muchos días sin agua, sin luz, sin saber de familiares, sin formas de conseguir comida, y eso genera angustia. Se transforma en un malestar subjetivo y se manifiesta de diferentes formas. A unas personas les da por llorar, a otras les da por gritar, a otras por pelearse. Entender que esto puede pasar es un primer paso para no tomarnos personalmente una discusión. Después, también es importante pedir disculpas”.

2. Usar técnicas de relajación y organizar tus prioridades

Alvarado sugiere “respirar profundo y hacer un diagnóstico de nuestra situación, determinar cuáles son las dificultades y cuáles las fortalezas, qué tenemos y qué necesitamos, y así comprender nuestra situación lo más claro posible”. Las tres psicólogas también recomiendan reconocer las emociones que podamos experimentar. “Por ejemplo, cuando nos sentimos a tope es válido decir ‘necesito un tiempo a solas’, ‘no me molesten’, ‘necesito respirar’, y al mismo tiempo pedir ayuda en caso de que tus emociones te sobrepasen”, dice Arenas. Llorar también es natural para drenar los sentimientos.

Miguez explica que no es conveniente mezclar los sentimientos, ni darles una dimensión mayor. “En estas situaciones es frecuente sentir muchas emociones a la vez y por ello es importante identificarlas: rabia, tristeza, frustración, miedo, desesperanza, angustia. Eso nos permitirá estar en más control de nosotros y poder actuar ante las circunstancias”.

3. Expresar tus sentimientos

Miguez dice que no solo se trata de hacer catarsis, sino de crear un intercambio. “Gritar una grosería contra los actuales gobernantes sirve de descarga, pero llega hasta allí. La idea es de rescatar y mantener la capacidad para pensar, para entender lo que nos pasa. Oír a los otros y hacerse escuchar. No es fácil pero es primordial”.

Alvarado afirma que la comunicación es una gran herramienta para mitigar el impacto a largo plazo. “Es importante llevar la situación actual de la mejor manera, para disminuir en la medida de lo posible somatizaciones a diferentes lugares del cuerpo, dificultades en el sueño y situaciones de estrés postraumático”.

4. Escuchar al que necesita compañía

Así como somos oídos, también es importante escuchar al otro. Arenas señala que aquellos que no son profesionales en salud mental no pueden actuar con el mismo profesionalismo ni alcance. Se pueden tener buenas intenciones, pero tal vez nuestras acciones o expresiones no son las que la persona afectada necesita. “Podemos hacerle un daño al otro, pero también un bien. ¿Cuál es la diferencia? Entender que su sufrimiento es distinto al propio, que las cosas no se viven de la misma manera. El otro debe sentir que su interlocutor le tiende la mano sin juzgarlo, sin coartar sus emociones”. Hay casos que necesitan la atención de psico-terapeutas, al verse sobrepasados por sus sentimientos o muy alterados. “Hay instituciones que ofrecen el servicio de forma gratuita, vía presencial o virtual”. También es válido alejarse cuando al escuchar al otro comenzamos a sentirnos profundamente afectados.

5. Comprender que cada persona maneja la crisis de forma distinta

“Cada quien tiene sus propias herramientas. No es como una receta de cocina, que le sirve a todo el mundo. Este es el momento donde hay que reconocer qué cosas hacemos para sentirnos mejor”, dice Arenas. Miguez agrega que también “la gravedad de la crisis es mayor en algunas regiones y sectores en comparación con otros. Estos elementos no se pueden dejar de considerar. Sin embargo, todos de una u otra manera estamos sobrepasados por la magnitud del deterioro de la vida cotidiana”.

6. Mantener rutinas y distracciones

“Intentemos generar espacios de esparcimiento. Parece irónico hablar de relajarnos en un momento como este, pero es muy importante para mantener la salud mental”, dice Arenas. Sugiere leer, jugar juegos de mesa, cartas o dominó, salir a caminar en lugares cercanos, o hacer ejercicio. Alvarado agrega que es importante, “aunque sea de forma precaria, mantener ciertas rutinas en casa que den estructura, como mantener el orden, la limpieza y los horarios”.

7. No engancharse en las redes sociales

Tener acceso a la información es un derecho. “Sin embargo, el enganche en las redes es un nuevo fenómeno que pareciera funcionar con el mismo esquema de las adicciones tradicionales. Paradójicamente, mucha gente ‘vive’ en las redes para no contactar con su propia realidad. Las redes sociales pueden ser un traje hecho a la medida que deja por fuera muchos elementos”, advierte Miguez.

Alvarado recomienda “hacer algo de higiene mental que nos separe, que nos de respiro, que nos permita poner foco en algo diferente que nos proporcione algo de alivio”. También alerta que se debe ser selectivo con la información, pues no toda es confiable.

Las redes sociales: catarsis, no terapia

Las redes sociales sirven como un canal para contar experiencias, drenar frustraciones y pedir ayuda. Una persona escribió hace tres días que deseaba morir y que intentó suicidarse. Una padre relató que su hijo había perdido el apetito. Una madre contó su desesperación por estar encerrada en casa, sin poder comprar comida para su familia. Y así como las redes sociales son usadas para pedir ayuda, también hay muchos que ofrecen su apoyo.

Alvarado señala que lo más recomendable es que una persona que atraviesa una crisis emocional contacte a un especialista en salud mental, pero las circunstancias dificultan esta posibilidad. “Poder expresarse y tener a alguien que escuche es vital en estos momentos. Es importante escuchar sabiendo que cada quien reacciona de manera diferente ante las circunstancias, escuchar sin juzgar, con el mayor respeto por la individualidad”, recomienda la psicóloga a aquellos que ofrecen apoyo emocional.

Si al leer el feed se topa con un usuario que expresa su deseo de morir, o un intento de suicidio, no se debe desestimar. “Ningún llamado de este tipo debe considerarse en estos momentos tan difíciles como un llamado de atención”, dice Alvarado. “Cualquier tipo de acompañamiento es útil para las personas que estén pidiendo este auxilio. Sin embargo, es muy importante, en caso de que sea posible, acudir en búsqueda de ayuda especializada”.

Miguez considera que el contacto íntimo, extenso y confidencial que puede brindar un psico-terapeuta no pude ser sutituido por estos medios en ningún caso. Sin embargo, no descarta que las redes sociales funcionan “como una vía de escape, una vía catártica”. Las publicaciones de los usuarios “son susceptibles de ser tomadas en cuenta y analizadas, sea esta comunicación inventada o sea que se soporte en un hecho real personal o colectivo (…) Pero frente a situaciones psicológicas y emocionales complejas la red no se constituye en herramienta terapéutica válida”. Miguez recomienda invitar a los usuarios a buscar ayuda en las vías tradicionales, es decir, aquellas especializadas en salud mental.  

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