Nancy Colina: Y se pudrió la comida

opinión

9 marzo, 2019

Toda la comida que me había costado tanto conseguir, se dañó. Se pudrió. En mi casa, en todo el vecindario, en la ciudad, en todos los Estados del país, la electricidad se fue por más de 30 horas. En la noche todo quedó a oscuras. Difícil encontrar el camino, ninguna vela podía alcanzar para iluminar todos los espacios. Estas fueron las palabras de una señora que, angustiada, contaba su experiencia de lo vivido por ella y su familia.

En un hecho insólito producto de tanta corrupción de los gobernantes ilegales que campean en Venezuela. Todo quedó sin electricidad. Desde la tarde, seguida por una noche larga y un día que se prolongaba con angustia. La principal fuente de electricidad del país, la represa del Guri, colapsó por un accidente producto de la falta de mantenimiento. Un servicio masacrado por los corruptos. No ha recibido la debida atención desde que empezó este fatídico gobierno, desde hace veinte años. Poco a poco las consecuencias empezaron a martirizar a los habitantes, el deterioro se hacia evidente. Esto no es un hecho aislado, de un momento, de unas horas. Es algo que se veía venir, aunque difícil en estas proporciones.

Como parte de lo cotidiano, el venezolano está acostumbrado a pasar dos horas, cuatro horas, seis horas diarias, sin este servicio tan elemental, tan indispensable. Eso se ha vuelto una norma triste. desde hace muchos años, cuando empezó a salir a flote la masacre económica que estaba dejando un gobierno cómplice de las corruptelas de todo tipo. Se fue, es una frase que se ha hecho común para decir que cortaron la electricidad. Eso ocurre día a día, sin previo aviso, por lo menos para proteger los artefactos, los equipos, que se van quemando. Algunos sectores de las ciudades, después las ciudades enteras, luego regiones completas, hasta llegar al gran apagón que paralizó al país completo. Quizás en algunos países del mundo haya ocurrido algo así, pero nunca en todo su territorio, nunca sin catástrofes, nunca por tantas horas y de ninguna manera, con tantos años de suspensión previa, sistemática.

Todo sin electricidad, es el dedo acusador en contra de estos gobernantes corruptos. Se han robados todo. Masacraron el servicio eléctrico y la empresa más importante del país. Petróleos de Venezuela. La tarde del 7 de marzo se unió con el día después. Horas tras horas en medio de todo este desastre. Un gran apagón nacional, que no tiene comparación con ninguno. En Venezuela, existía un servicio eléctrico con una capacidad que le permitía hasta para exportar. Esto quedó en el pasado. La falta de mantenimiento destruyó todo.

Lo vivido por cada persona es una historia que marca, quizás su vida, su futuro. Algunos casos reflejan horror. Muertes. Una madre llora en la sala de emergencia de uno de los tantos hospitales que se quedaron sin servicio eléctrico, también por la corrupción. Su pequeño bebé, recién nacido, no pudo ser atendido en medio de la oscuridad, en medio de falta eléctrica. No se han calculado las muertes en hospitales sin electricidad. La angustia que ronda todos los ambientes, porque no se sabía que hacer. Salas de emergencias con las puertas trancadas, pacientes haciendo colas en las calles para pedir que los atiendan.

Lo que pasó en Venezuela la noche del 7 de marzo es inédito. Es cruel. Un caso que supera niveles de angustia en las personas que fueron más afectadas. La gente en los aeropuerto a oscuras, con funcionarios avisando que todos los vuelos habían sido suspendidos. Cómo se cubren las pérdidas económicas que se produjeron esa noche y el día siguiente. Quien puede responder a quienes tuvieron que salir corriendo en calles y calles oscuras, donde sólo la Luna podía reflejar alguna luz.

Los cabecillas de ese gobierno que se encuentra en una posición que no les corresponde, porque están allí a punto chanchullos, no tienen más nada que decir. Sólo pueden farfullar que es la culpa de los demás. Se les fue el tiempo, años tras años sostenidos por unas Elecciones ajustadas a su antojo para perpetuarse a como diera lugar en el poder. Esa gente tan corrupta, encabezada por el Presidente ilegal, Nicolás Maduro, sale muy campante en la televisión y en todos los medios de comunicación que manejan también a su antojo, que el apagón se debe a un saboteo por parte de los opositores y de las naciones que se niegan a reconocer su mandato, que se han mostrado solidarias en favor de la democracia y en contra de una dictadura corrupta y bañada con la sangre de tantas víctimas que han caído por defender a su país.

Es imposible esconder lo que está pasando aquí. Es una locura no ver cómo todo se va apagando, desde la producción de alimentos, medicamentos, insumos de todo tipo. Falta de trabajos, inflación sin precedentes, entre tantos males. Fuga de personal especializado. En una migración que pisa a los 4 millones de habitantes. Este apagón parece de mentira. Mientras duraba la carga de los teléfonos, la gente se comunicaba como podía. Tienen luz, que ha pasado, por aquí no hay. Estamos angustiados, no sabemos qué hacer. Que está pasando. Esa era la comunicación de la mayoría de una población que de pronto quedó sin internet, para ver noticias y, por lo menos, entender algo. Eso era lo que sabían las personas que estaban en sus casas, pero, afuera, en las estaciones del Metro, por citar un ejemplo, la situación era otra. Suspendido el servicio. Seguir instrucciones para salir de las instalaciones. Que pensar de un país literalmente apagado por tantas horas.

Después de muchas horas, El Presidente corrupto sale para informar a la población que quedan suspendidas todas las actividades que ya estaban suspendidas. Transporte, comercios, servicios de todo tipo, actividades académicas, bancarias. El tipo está como en la luna. Martirizado por su incompetencia. Estamos en un apagón, pero también sumidos en una realidad oscura que parece pender de un hilo, pero que no termina de caer. No hay electricidad. Sin eso no hay nada. Todo se paraliza. Todo se vuelve una miseria, un caos. No se sabe que más se puede esperar para salir de esa gente tan corrupta. Las naciones mas poderosas apoyan un cambio para salir de toda la miseria que nos envuelve, ofrecen ayuda pero nada pasa. Quizás Las potencias del mundo están enfrentadas bajo amenazas de actuar o no actuar. Que más puede mantener a esos bichos donde están en la cuerda floja.

Quizás estamos en el medio de un enfrentamiento entre grandes potencias que se debaten sus poderes con todo el armamento posible. Los corruptos asesinos que se niegan a entregar un mando que no tienen, con seguridad deben estar apoyados porque guapos no son. Han hecho tantas cosas insólitas que nos cuesta digerir las razones que los mantiene. Todavía están plantados ilegalmente. Esa es la verdad.

Hay quienes se descargan cuestionando a los lideres que trabajan duro para buscar ese cambio. El Presidente encargado, Juan Guaido, es la cabeza visible de todo un equipo organizado, de gente valiosa que piensa en Venezuela. Todos están trabajando a toda máquina y, por supuesto, todos esos luchadores que lo están respaldando con toda la estrategia que han seguido. Nada está fácil, pero nada es al azar. Hay mucho que hacer si se quiere un cambio real. En estos momentos, la población tiene la última palabra. Prender o apagar las luces.

Estamos en manos de propios demonios, capaces de quemar la ayuda humanitaria que trató de entrar para abastecer a toda la población que no tiene alimentos ni medicinas. No es una exageración. Es así. Todos los recursos de un país rico, se desviaron para las cuentas personales de estos delincuentes. Estas son las consecuencias. Ellos se mantienen a como de lugar, porque les importa nada lo que está pasando, porque, sencillamente son la causa de todo. Una plaga que todo lo ha destruido. Fueron capaces de destruir la mayor empresa del país, la del petróleo. Ahora funciona a medias. Ellos mismos son una catástrofe. La población aclama por el cambio, ese que ha sido respaldado por las naciones. Esperamos con ansias que ocurra. Se anuncia una concentración masiva para el hoy, sábado. Muchos piden que la gente salga y no abandone las calles como una medida de auxilio, eso es lo que estamos pidiendo. Un auxilio.

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