“Ya ni pan con margarina se puede comer”, el testimonio de una merideña ante la inflación

Fotos: Jade Delgado

Merideños denunciaron que deben trabajar para “medio comer”, esto debido a la inflación que atraviesa Venezuela

La inflación que se vive actualmente en Venezuela incide en el poder adquisitivo de los ciudadanos. Los altos costos no permiten comprar carne, pollo, queso o jamón y ni siquiera la margarina que acostumbraban a disfrutar los merideños en anteriores tiempos.

El precio de la margarina alcanzó los Bs. 6.000, mientras que un pan campesino se encuentra en algunas panaderías hasta en 2.000 bolívares.

“Ya ni pan con mantequilla se puede comer en Venezuela”, precisó Anabel Rojas, una merideña que devenga el salario mínimo de 18.000, decretado a principios de año por Maduro para “combatir la guerra económica”.

En los mercados populares el precio de los vegetales también varía cada día; incluso durante la misma jornada los costos son “ajustados”. Igualmente de los lácteos está impagable; como el queso blanco que casi alcanza los 18.000 y el litro de leche de vaca no procesada supera los 2.500; “la semana pasada costaba 1.500”, aseveró Rojas.

De acuerdo a los merideños encuestados, en el país las personas trabajan solo para comer, pues el alza en el precio de carnes, vegetales, frutas y víveres, no permiten ahorrar y las personas al recibir los pagos, gastan el dinero antes que pierda su valor en cuestión de horas.

Carmen Rincón, otra de las encuestadas por Caraota Digital, argumentó que los ciudadanos se las ingenian para poder comprar carne.

“Para nadie es un secreto la crisis por la que atraviesa Venezuela y se ha disminuido considerablemente el poder adquisitivo. Hoy un empleado con salario mínimo debe escoger entre un cartón de huevos o un kilo de queso”, dijo.

“Una persona debe ingeniárselas y trabajar hasta con las uñas para conseguir carne entre Bs. 12.000 y 14.000”, añadió Rincón.

La escasez de productos se suma a esta problemática, la harina de maíz precocido, harina de trigo, mayonesa, margarina, azúcar, entre otros productos de primera necesidad, son vendidos en el mercado negro hasta en seis veces su valor, señaló Elisabeth Rojas, quien también denunció que cuando llegan productos regulados a los establecimientos, los dueños los obligan a comprar un combo con salsas, sobres y demás artículos que no son indispensables.

Por su parte, los estudiantes universitarios provenientes de otros estados del país también son golpeados por la crisis inflacionaria, otro factor que incide en la deserción estudiantil en la Universidad de Los Andes. Aseguró Johel Zerpa, estudiante de derecho: “el comedor no funciona y debemos comprar comida muy cara”.

Los pacientes del Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (Iahula) son otras víctimas, según la especialista en Nutrición Clínica.

Itanira Pérez, la mayoría de los enfermos que ingresa a la emergencia lo hace con un peso insuficiente y son pocos quienes llegan con un estado nutricional normal.

Ante esta problemática, son muchos los niños y personas en las calles que piden comida, también lo hacen en las viviendas y lugares de ventas de comida, donde madres con niños en brazos solicitan ayuda para poder alimentarse.

Le puede interesar: 

#CaraotaInvestiga | Tras la muerte de Coporo ¿quién tomará el control de las minas en #Tumeremo? .” https://t.co/t0bQy0qSdG

— CaraotaDigital (@CaraotaDigital) 15 de febrero de 2019

Seguir leyendo en el medio que originalmente publicó esta noticia