New York Times: El ecuatoriano que maravilla en el metro de Nueva York

Olmedo Rentería, también conocido como Olmedini El Mago, nació en Ecuador en 1940.

Jaime Permuth

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NUEVA YORK — Jaime Permuth no ha olvidado el día en que conoció a Olmedo Rentería en el metro neoyorquino, hace veinte años. Cómo podría olvidar a Rentería: el hombre destacaba entre los pasajeros exhaustos con su esmoquin, su camisa roja y un porte elegante. Sin embargo, después de ese primer encuentro, Rentería desapareció… algo que no es inusual.

Rentería es un mago y no cualquier prestidigitador: es Olmedini el Mago, y saltó de la pobreza a la fama en su natal Ecuador antes de intentar dejar huella en la ciudad de Nueva York, hace treinta años.

Olmedini toma un descanso para comer una rebanada de pizza luego de una visita a la tienda de magia Tannen’s.

Jaime Permuth

Olmedini, ahora de 78 años y quien perdió la vista en los dos ojos tras una apoplejía, inicia su espectáculo con una introducción tanto en español como en inglés.

Jaime Permuth

Olmedini suele trabajar en el metro durante cuatro horas, ya sea de ida y vuelta entre las calles 59 y 125 en un tren exprés, o en un trayecto entre las estaciones de Grand Central y Times Square.

Jaime Permuth

La rutina que presenció Permuth en 1998 fue inolvidable: Olmedini silbó la Quinta Sinfonía de Beethoven —”taratantaaaaaan”— mientras convertía unos trapos parduzcos en banderines de colores, hacía que apareciera un conejo regordete en una caja aparentemente vacía y lanzaba una jaula al aire para hacerla desaparecer.

Permuth, un fotógrafo guatemalteco en Nueva York, estaba embelesado. “Me identifiqué con él como si estuviera en mi tierra”, recordó Permuth. En 2018 se dispuso a encontrar al mago, a quien localizó gracias a las redes sociales. “¿Usted es Olmedini?”, le preguntó al encontrarse con él frente a frente. “Él guardó silencio y luego dijo: ‘Para servirle’. Se trataba de una voz chapada a la antigua que emanaba de otro tiempo y otro lugar”.

Una pasajera en el metro graba el espectáculo de magia de Olmedini.

Jaime Permuth

En las paredes de la sala de Olmedini enmarcó recortes de periódicos que hablan de su carrera en el mundo de la magia.

Jaime Permuth

Los domingos, Olmedini aprovecha su día libre para estudiar inglés de nivel básico en el Consulado de Ecuador en Queens.

Jaime Permuth

Después de una apoplejía que lo dejó ciego hace diez años, Olmedini comenzó a trabajar en los vagones con una asistente. Para otros ecuatorianos que se lo encuentran, es un grato recordatorio de su infancia, cuando el mago aparecía en programas de televisión y era juez en los certámenes de belleza. “En mi país era un mago extraordinario”, dijo Permuth. “En una ocasión abrió un concierto de Menudo. Era una celebridad”.

Aún lo es, solo que en un escenario móvil y más pequeño.

Olmedini con algo de utilería en su departamento

Jaime Permuth

Un “truco de transmutación” realizado por Olmedini, apodo que surgió de combinar su nombre con el de Houdini

Jaime Permuth

Olmedini baja las escaleras de la estación de metro Calle 34-Penn.

Jaime Permuth

“Es un personaje sumamente romántico y chapado, a la antigua”, aseguró Permuth. “Cuando lo observo pienso en Don Quijote. A pesar de sus 78 años, sigue creyendo que puede triunfar en la ciudad de Nueva York. Se levanta cada mañana a enfrentarse contra su molino”.

Olmedini, ataviado con su vestimenta de mago, espera el metro para presentar su espectáculo.

Jaime Permuth

Para su gran final, Olmedini pasa un banderín multicolor a través de su puño, de donde sale una paloma viva.

Jaime Permuth

NYT en español

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