Gustavo Tovar-Arroyo: El coraje de Guaidó y la Presidencia de Venezuela…

opinión

12 enero, 2019

¿Por qué?

¿En qué coño estamos pensando?, sí, ¿en qué coños? El país en ruinas, destrozado, los venezolanos tuertos, mancos, rencos, desgarrados sus espíritus de centenares de heridas abiertas, famélicos, tendiendo sus manos para alcanzar una limosna o una carroña como alimento, miles de cruces en el cementerio y todavía hay quienes se preguntan ¿por qué el diputado Juan Guaidó –en un acto de legitimidad y coraje sin igual en la historia política reciente, que desafía firmemente a la tiranía y asume la presidencia interina de Venezuela– no hace, dice, omite o realiza expresiones o gestos que les resultan antipáticos a ellos?

De verdad, qué locos estamos…

La histeria de los oligofrénicos

Como si encarar a la tiranía más dañina y vil que haya conocido la historia de Las Américas fuere cualquier cosita, lunáticos, iracundos, neuróticos y oligofrénicos, desde la comodidad pesada de sus butacas y sus burguesas torres de marfil emiten –sin ninguna vergüenza– cualquier tipo de comentario banal, injusto y fácil, sin ninguna piedad consigo mismos por las baboserías que dicen y sin ninguna comprensión de la dificultad que se vive en el momento. Es entendible el escepticismo, ya son demasiadas las decepciones y frustraciones, pero por respeto a él (al escepticismo) y al trance estratégico de lo que vivimos, la prudencia es un ejercicio de sensatez que se exige y urge.

¿Seremos capaces de fortalecer la lucha y no de menoscabarla con pendejadas en un momento tan peliagudo?

La loca sociedad

He leído –no sin sorna creativa, lo reconozco– la diversidad de imbecilidades que se han dicho sobre el nombramiento de Juan Guaidó como Presidente de la Asamblea Nacional y posteriormente su asunción como presidente interino, el cargo más desafiante y peligroso que venezolano vivo pueda ejercer en nuestro tiempo, y no he caído desmayado de la impresión por la cantidad de banalidades que somos capaces de decir por segundo porque el chavismo ha hecho suficientes méritos como para que no pierda mi capacidad de asombro. Pero, de verdad, qué clase de demencia colectiva somos los venezolanos, sí, en qué loca sociedad nos hemos convertido.

¿Qué nos pasó?

El manicomio del siglo XXI

Que si Juan se parece más a Obama que a Trump y eso lo hace sospechoso de ser amigo de los cubanos; que si el nudo de la corbata debió ser doble (tipo inglés) porque uno simple termina con un tumbado de izquierda y subliminalmente muestra que es socialista; que si llevó a su bellísima familia e hija y ello prueba que no es un macho cabrío sino un inaceptable hombre decente; que si en su discurso no agarró una metralleta y comenzó a lanzar disparos al aire (por lo cual se puede interpretar que es un “papanatas”); que si usó la palabra usurpador y no fantasma para calificar a Maduro; que si no asumió, que si sí asumió, que si dijo esto, que si dijo lo otro, que en el fondo no es sino “un por qué no hace y dice lo que a mí me parece que debe hacer y decir, yo que todo lo sé desde mi comodidad de oligofrénico rector del universo”.

¿En serio?

La discusión bizantina

Una de las mayores curiosidades que he escuchado estos días demenciales es la bizantina discusión, como la llamó acertadamente el estimado Victorino Márquez, sobre si hay una usurpación o un vacío de poder en Venezuela. La irascible agarrada por las greñas en el cuadrilátero del twitter ha sido tan fantástica como inútil, no tiene ningún sentido –ni político, ni legal, ni constitucional– discutir semejante preciosismo leguleyo a estas alturas, sobre todo, de la manera airada que lo hace el ejercito de preciosistas y miembros de la alta burguesía (de hojalata y barro) venezolana, ilustres generales de la última edad que desde las redes sociales comanda los ejércitos imaginarios de la rebelión en Venezuela.

¿Son fantasmas o usurpadores quienes han arruinado a Venezuela?

El coraje de Juan Guaidó

No se está improvisando; nada de lo que está ocurriendo es improvisado. No es fácil, no será fácil, pero en esta ocasión no se improvisa. Vivimos un momento único: contamos con el apoyo de la Organización de Estados Americanos, con los Estados Unidos de América, Europa, Asia y la mayoría de América. La Asamblea Nacional –unida– desconoce institucional y constitucionalmente la tiranía chavista (artículo 350 de la Constitución). Los presidentes de la región y del mundo reconocen a Juan Guaidó como representante legítimo de Venezuela, representación que el joven político asume con coraje y firmeza (insisto, la más difícil decisión que venezolano vivo pueda asumir) y pese a todo esto, todavía hay quienes meten zancadillas, insultan, rebuznan y tiñen de duda semejante desafío. Es increíble, de verdad, que lo es.

Más coherencia y desprendimiento urgen, no discutamos pendejadas, unámonos, luchemos juntos, liberémonos. Es ahora.

El presidente interino

Juan Guaidó se ha ganado su lugar en la historia luchando desde adolescente en la universidad, en las calles y en los cuadriláteros políticos de nuestro tiempo. No es un improvisado. Nada se le ha regalado, todo lo ha logrado literalmente con “sangre, sudor y lágrimas”. Vive el momento más complejo que venezolano vivo pueda vivir como Presidente de la Asamblea Nacional y ahora como Presidente interino de Venezuela. Se escribe fácil pero no lo es. Necesita nuestro apoyo, el apoyo de su pueblo para poder lograr un tránsito eficaz de la tiranía a la democracia. Lo que sigue es organización y movilización, el aparato represivo de la dictadura se activará, necesitamos unión para derrotarlos.

¿Será que tomamos aire, nos articulamos, lo apoyamos y enfrentamos a la tiranía –nos rebelamos– con la fuerza de la unión?

La República del siglo XXI

El tiempo que sigue es único para alcanzar la libertad. El chavismo –regordete, nuevo rico, narcotraficante, cínico y criminal– está desnudo. La historia los señala y acusa por la ruina de Venezuela. Su soledad es patética. El mundo, al fin, está en su mayoría de nuestra parte, No estropeemos la dificultad del momento con histerias, disparates y viles egoísmos. Por favor, no lo hagamos. Sin organización ni movilización social no se puede decretar nada. ¿Queremos ganar la guerra o volver a perder otra batalla?

Dejemos de ser un manicomio, volvamos a ser una República.

Tú decides, es ahora, sí, ahora…

@tovarr

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