La Guairita, y el cementerio de ranchos en el que se ha convertido

Caracas 12 de enero de 2019. En la entrada del municipio el Hatillo, estado Miranda, ciudadanos sobreviven, bajo y sobre el puente de La Guairita. Al menos tres inundaciones tuvieron lugar en 2018, y el 2019 no es alentador.

El panorama es de viviendas medio o completamente derrumbadas, con barro y en peligro de desplomarse. A eso se le suman, los ineficientes servicios públicos, y la constante falla de la tubería matríz que al menos en 2018 reventó en dos oportunidades, dejando el sector sin agua y las viviendas de la quebrada, inundadas.

Así sobreviven éstos venezolanos en el medio de la dificultad.

Al borde de la quebrada, bajo un puente en el que, aunque se trate de una zona prohibida para la construcción, cerca de 27 familias intentan llevar una vida normal. Los tubos rotos, cañerías expuestas y el asfaltado desgastado del puente de La Guairita, es la comunidad que las familias escogieron para hacer su hogar de bloques, zinc y tablas.

El sector se llama “La Toma” y está habitado por personas del interior del país, que viven allí desde hace años, o damnificados de previos derrumbes.

Debajo del puente

Para entrar a las viviendas debajo del puente es necesario bajar unas escaleras habilitadas por los propios vecinos y luego bajar un tramo del barranco. Las casas se apilan unas con otras y las divide un pequeño pasillo de tierra que termina en el cauce del río.

“… El problema es que ese tubo se daña a cada rato, y que cuando llueve, nos agarra el río”, cuenta Luis Beltrán Marcano, residente y además comerciante en la misma zona.

“Sino te lleva el agua de la quebrada, te lleva la de la tubería”

Entrevistado por El Pitazo, Carlos Briceño (13 años viviendo en La Toma)
describe, “vivir bajo el puente es normal, como en cualquier otra zona, pero con la diferencia de que aquí si no te lleva el agua de la quebrada, te lleva la del tubo”. 

Su casa de dos pisos se salvó de dos estallidos de la tubería, el 27 de abril de 2018 y 26 de julio del mismo año. Desafortunadamente, los cimientos de la estructura no aguantaron la crecida del río en octubre, cuando se desplomó por completo.

Muchas familias están sin vivienda y siguen a la espera de que el gobierno de Miranda les brinde ayuda. Foto Ronald Peña El Pitazo

Atravesando la corriente del río se ven peluches, mesas trituradas, una cocina hecha pedazos y espejos rotos. De pie quedó parte del baño y el lavandero expuestos, sin techo y con algo de suelo, que no cedió a la corriente. Allí Carlos hace una fogata para preparar los alimentos para su hija de 5 años y su esposa.

A Carlos solo le quedaron cuatro cochinitos que mantenía en una habitación de la casa y que están desnutridos porque no puede alimentarlos. Estos animalitos, por ahora, son el único bien con el que cuenta.

Los cochinitos de Carlos. Foto Ronald Peña El Pitazo

Encima del puente

Franyi Chiquito tiene un kiosco de venta de lotería, en una esquina del puente. Frene su negocio se encuentra el derrumbe producto de la
primera rotura del tubo matriz. Asegura que cada día y con el paso de los carros, la brecha se hace más grande.

“Cuando ocurrió la primera inundación quitaron el poste y varios nos quedamos sin luz, entonces la comunidad tuvo que resolver el servicio de forma ilegal porque nunca volvieron a repararlo. El cable para la televisión tampoco lo repararon y hasta el momento estamos sin servicio y esa calle del puente cada día se come más”, responde Franyi al Pitazo.

Nota original de El Pitazo

Fotos Ronald Peña

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