La Coruña: Una ciudad para descubrir y sorprenderte

Hércules vino, venció al gigante Gerión y, sobre su túmulo, levantó la torre-faro. Eso dice la famosa leyenda. Menos conocido es que vino Picasso y pintó cuatro años. Era muy joven, pero ya apuntaba maneras de coloso. Otra sombra gigante: la de María Pita, la heroína popular que se enfrentó a los 12.000 hombres de Francis Drake al grito de «Quen teña honra, que me siga». Aquí todo es grande. El paseo marítimo más largo de Europa [unos 13 kilómetros]. Olas como montañas. Árboles milenarios. Pulpos de más de diez kilos. Cañones que lanzaban pepinos de casi una tonelada a 38 kilómetros de distancia. Y un ordenador de 1959, el primero de España, del tamaño de varios armarios roperos.

Madrugón en la lonja: Gigante, como tantas otras cosas en A Coruña, es el madrugón que hay que darse para visitar gratis, pero sólo con reserva previa, la lonja de pescado. Aun así, vale la pena, porque es una de las más importantes de Europa y la segunda de pesca fresca en España. A las seis arranca la subasta de marisco; a las 6.45 h, la de pesca de bajura; y a continuación, la de altura (sólo martes y jueves). Pulpos de más de diez kilos, enormes rapes y merluzas, centollas que no paran y percebes que casi alcanzan los 100 euros por kilo en subasta. Éstos son los productos que irán a los mejores restaurantes de España o que dentro de un rato se venderán en los mercados de la ciudad. Visitar a las nueve el de San Agustín o el de la plaza de Lugo y desayunar en sus bares es una alternativa a la lonja, si hemos pasado del madrugón.

La Ciudad de Cristal y la Vieja: Es buena hora ésta para pasear por la avenida de A Mariña, viendo cómo el sol mañanero se multiplica por mil al reflejarse en las típicas galerías acristaladas. Ciudad de Cristal le dicen a A Coruña y ya sabemos por qué. A pocos pasos se halla la Ciudad Vieja, evocadora de la Coruña medieval. Rúas que nos hablan de los antiguos gremios: Herrerías, Tinajas, Zapatería, Cortaduría… Plazas y plazuelas donde los relojes atrasan siglos, como la de las Bárbaras o la de Azcárraga, con árboles milenarios… Tiendas de anticuarios y tascas codeándose con casas nobles y monumentos religiosos como la colegiata de Santa María del Campo, de estilo románico ojival; la iglesia de Santiago y la de San Francisco; el convento de las Bárbaras y el de Santo Domingo…

Cuatro museos y un mirador: En la Ciudad Vieja hay varios museos que interesa visitar: el de Arte Sacro de la Colegiata, la Casa Museo de María Pita y la de la escritora Emilia Pardo Bazán, hoy sede de la Real Academia Galega. También interesa acercarse al melancólico jardín de San Carlos, un antiguo baluarte desde el que se observa todo el puerto de A Coruña, en medio de un silencio sólo roto por las risas de los niños que juegan en sus veredas y el rumor del mar, 30 metros más abajo. En el centro del jardín circular, a la sombra de los olmos centenarios, reposan los restos de sir John Moore, el general británico que murió luchando contra los franceses durante la batalla de Elviña o de A Coruña, el 16 de enero de 1809. Desde este espléndido mirador se otea también el castillo de San Antón, fortaleza del siglo XVI que alberga el Museo Arqueológico e Histórico.

Del mar a la mesa: Hemos visto lo más rico de Galicia en la lonja y en los mercados. Ahora toca comerlo en las mejores mesas de la ciudad. En el paseo marítimo, tenemos el restaurante de cocina contemporánea Alborada, con una bodega de más de 600 referencias y grandes vistas a la ría. Y en la plaza de España, A Pulpeira de Melide, restaurante, mesón y terraza, a cual más bullicioso, donde además del pulpo (a la manera tradicional o de otras), hay que probar los platos que se hacen cada día con lo mejor del mercado y, de postre, las cañas de Carballiño (rellenas de crema). Si no queremos salir de la Ciudad Vieja, la opción más recomendable es Pablo Gallego, sobresaliente en pescados y mariscos. Y en atención.

Los 84 relojes del Ayuntamiento: El café lo podemos tomar en la plaza de María Pita, donde después nos esperan el Ayuntamiento y su insólito Museo de Relojes, que atesora 84 de ellos, de los siglos XVII al XX, y de todo tipo (de sobremesa, de caja alta, de pared, cronómetros de marina…), incluido uno que lleva la firma del parisino Julien Le Roy, el relojero de Luis XV. Paseando luego por la Calle Real, encontraremos todo tipo de recuerdos y tiendas demoday, en invierno, el dulce calor de las castañas asadas. Todas las grandes firmas de la moda irán apareciendo a medida que nos acerquemos a la calle Juan Flórez. La plaza de Lugo, donde estuvimos esta mañana viendo centollas, también es buen lugar para ver escaparates.

Escenarios culturales: Para una tarde-noche cultural, hay tres escenarios fundamentales: el Palacio de la Ópera , sede de la Orquesta Sinfónica de Galicia; el Coliseum y el teatro Rosalía de Castro. La actividad cultural se intensifica con los festivales Mozart, en primavera, y Jazzatlántica, en otoño.

Picoteo y copas: Los coruñeses tienen fama de optimistas innatos, de que les gusta y saben vivir. Ese saber se manifiesta cada noche en los bares de las rúas Real, Olmos, Galera, Franja, Estrella, Barrera…, con chistes, habaneras, cánticos a capela y consumición de grandes cantidades de tapas y raciones. En el Mesón do Pulpo, no hace falta preguntar cuál es la especialidad. Tampoco son un secreto las ruedas de picoteo de O Secreto: de ibéricos, quesos o exquisiteces del Cantábrico. Hay una gran selección de quesos y vinos gallegos, y también raciones calientes: pulpo encebollado, mejillones en salsa de vieiras, zorza con patatas… El legendario ultramarinos Aniceto (desde 1880), hoy Marita Ron Heritage Café, ofrece delicatessen y caldos de calidad, pero también cócteles para estarse hasta las 2.00. Otro sitio diez para las copas es la plaza de Azcárraga, en la Ciudad Vieja, bajo unos fresnos y plátanos de impresión.

Deporte a toda costa: A Coruña tiene un paseo marítimo de más de 13 kilómetros, que es el mayor de Europa y la mejor pista para los que les gusta empezar el día corriendo o pedaleando (hay carril bici). Va desde el castillo de San Antón hasta el Portiño, envolviendo la ciudad, y cuenta con unas bonitas farolas rojas de inspiración modernista, que sirven de soporte a 1.200 esmaltes de la artista Julia Ares, alusivos a la historia coruñesa. Los situados en la zona de la Torre de Hércules están relacionados con distintos aspectos del faro romano. En la zona del Aquarium, son los peces los elementos destacados. Mientras que en las farolas ubicadas frente a la Escuela de Bellas Artes, los dibujos alegóricos versan sobre Picasso, que fue su alumno, como luego veremos. En el mismo paseo se encuentra el Teatro Colón , de imagen clasicista y tamaño singular que fue proyectado por el arquitecto Jacobo Rodríguez- Losada Trulock e inaugurado en 1948.

El faro y el obelisco: Hora de visitar el símbolo de A Coruña, la Torre de Hércules, el faro en activo más antiguo del mundo, de finales del siglo I o principios del II, cuyo arquitecto fue Cayo Sevio Lupo, que dejó su nombre grabado en una piedra en la base. Se puede subir para contemplar el enorme panorama desde sus 55 metros de altura y se debe recorrer el entorno protegido, que, junto con el faro, es Patrimonio de la Humanidad. Alrededor hay un parque escultórico con obras que guardan relación con el mundo de la navegación y los relatos mitológicos que vinculan la fundación de la Torre con el propio Hércules o con el caudillo celta Breogán. Mirando a poniente, en el otro extremo de la ensenada de Orzán, se distingue la cúpula que corona el monte de San Pedro (a donde subiremos a mediodía) y, a la izquierda de éste, en el paseo marítimo, el Obelisco Millennium, una aguja cristalina de 46 metros que recoge en sus vidrieras los episodios capitales de la historia coruñesa.

Museos con mucha ciencia: Muy cerca de la Torre de Hércules, al otro lado de la cala das Lapas, está el Aquarium Finisterrae, donde nos aguarda un viaje submarino al más puro estilo Julio Verne. No es el único museo con contenidos científicos de la ciudad, ni mucho menos. También podemos explorar los lugares más recónditos del cuerpo humano en Domus, un museo interactivo que finge una vela henchida frente a la ensenada de Orzán, obra del arquitecto japonés Arata Isozaki. Para dejar volar la imaginación entre estrellas y constelaciones tenemos el planetario de la Casa de las Ciencias.

Desde 2012, A Coruña cuenta además con el Museo de Ciencia y Tecnología (MUNCYT), un cubo de vidrio diseñado por Victoria Acebo y Ángel Alonso, donde se muestra la evolución técnica del hombre a través de objetos como la última linterna que funcionó sin electricidad en el faro de la Torre de Hércules, a mediados del siglo XIX; el primer ordenador que llegó a España en 1959 y que ocupaba el espacio de varios armarios roperos; o la proa del jumbo de Iberia Lope de Vega, en el que el Guernica vino a España, con una altura de tres pisos.

Fuente: Viajar es

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