Leocenis García: Plomo, piedra y candela





Hace días estaba en el aeropuerto, mientras una señora que llevaba a un niño en un coche, frenó de golpe y me dijo: “Cómo ves tú el país”. Me quedé en silencio unos segundos, por la forma brusca en que me abordaba la mujer, sin ningún tacto y cordialidad, cosa muy común hoy en el país. Finalmente le devolví:  ¿Cuál país?

La mujer no se cebó en su empeño, y me reformó la pregunta: “Cómo ves los líderes”. Y, entonces dije: ¿Cuáles líderes?.

Recientemente, se han dicho cosas increíbles, y hasta verdaderamente cómicas, en la redes. Algunas de ellas, son comprensibles, porque, si los gobiernos controlan o intentan controlar la libertad de prensa, inmediatamente surge un mercado negro de la información.

 Los controles, siempre, producen perversiones.

Los políticos de oficio, -quienes creen que hay que buscar acuerdos para resolver la situación alarmante del país-, son tratados como parias.  Corren la misma suerte de Adolfo Suarez, quién fue despreciado por las elites, las cuales terminaron bebiendo el amargo trago que significó que  Suarez dirigiera la transición española.

Un aparecido, un tipo que lo máximo que había leído era el Principito, según decían sus adversarios. Un tipo que había dicho que había que desmontar el Franquismo con los franquistas. Que había que sentar a comunistas y liberales, a monárquicos y demócratas. En fin, un hombre que no sólo creía que había que negociar con el diablo, sino que abiertamente lo predicaba. Un hereje pues.

A lo anterior, se unió  el triste espectáculo con motivo de la ascensión de Calvo al poder. En medio de la ceremonia, el coronel Tejero apareció  en el Congreso, y así,  revolver en mano amenazó la democracia; sólo quedaron en pie, Suarez, el teniente General Manuel Gutiérrez Mellado , y el representante del partido comunista.

Del resto todos los capitanes del micrófono, se lanzaron al suelo. Ahí estaban guarneciéndose, presos del terror, quienes meses antes, a grito herido, clamaban sangre. Claro, la sangre de otros.

En política las emociones no son ningún capital. Hablo del juego del poder, no de las arengas. Un personaje, que si viviera en la Venezuela de hoy, sería llamado traidor, sin duda ,sería Nelson Mandela.

En mi opinión, existen dos Mandela; uno, el romántico que venden quienes lo único que han visto es la película Invictus; y el otro, el verdadero, el hombre del pragmatismo.

En los años 80, como parece sucederle ahora a Venezuela frente a los cambios en el continente,  el  surgimiento de un nuevo orden mundial con la democracia liberal puso a los líderes de Sudáfrica frente a una opción de supervivencia. El gobierno del apartheid estaba desesperado, aislado en la escena internacional, se esforzaba por reprimir las manifestaciones contra el régimen en los municipios.

Una de las más poderosas protagonistas de esta lucha era  Winnie Mandela, exesposa de Nelson Mandela. Winnie, cuyo carácter estaba más próximo a un volcán que al que se supone propio de un político estadista, estuvo presuntamente implicada en incendios, peleas callejeras y en trancas de calles. Ella a diferencia de Mandela, exigía, calle, plomo y candela.


Lo cierto es que en 1982, Nelson Mandela fue trasladado a la prisión de Pollsmoor y tuvo un “trato preferencial”. De hecho, el 31 de enero de 1985, P. W. Botha, el primer ministro propone liberarlo, si rechaza “la violencia sin condiciones políticas”. Mandela comienza las negociaciones, que se mantendrán en secreto y hasta hoy no se sabe muy bien lo que se negoció (según lo declarado por Gbagbo) a excepción de algunos detalles como el hecho de que Mandela rechazó la idea de un poder de veto para las instituciones de minoría blanca en el futuro. Entre 1988 y 1989, las negociaciones aceleraron, cuando Frederik de Klerk reemplazó a Botha, en agosto de 1989, como jefe del Estado sudafricano.

Winnie, acusó a Mandela de traidor, y de estar negociando con asesinos y violadores de derechos humanos.  Mandela insistió que la vía no era la violencia, sino que había que negociar para conducir al país a un acuerdo electoral, que acabara con el régimen de apartheid. El Muro de Berlín cayó, el gobierno del apartheid ya no podía  pretender oponerse a la ANC para detener la expansión comunista, Sudáfrica estaba en el lado equivocado de la historia, tenían  que actuar con rapidez.

Fue entonces que el 2 de febrero de 1990, De Klerk anunció la liberación de Mandela y el fin de la prohibición del ANC.  El 11 de febrero  Mandela cruzó a pie los últimos metros de su “largo camino hacia la libertad”.

 Al día siguiente dio una rueda de prensa que su partido seguía con atención. La gente esperaba que Mandela llamara a las calles, a un paro nacional, a un ultimátum del gobierno. Lejos de eso, en medio de la hambruna y represión que vivía Sudáfrica, Mandela llamó a ir las elecciones, y esperar. Dijo: “Guarden toda su furia, esperen las elecciones, y conquistemos el poder. Vuelvan a sus casas, y no se dejen llevar por la violencia”

Esto lo dijo, y aún el régimen ni siquiera había dado la fecha de las elecciones.

Las declaraciones cayeron como un balde agua fría sobre sus partidarios más radicales. Entonces no había Periscope ni twitter.  Mandela se salvó del hastahg #Mandelatraidor. Sin embargo al día siguiente aparecieron consignas en las paredes y en la vía publica.

Los letreros acusaban  a Mandela de blandengue, de haberse vendido. La propia Winnie Mandela , dijo sentirse decepcionada, y llamó a la lucha contra el régimen y sumó a su llamado ¨desoír a los traidores de la causa negra”

Inmediatamente Mandela, enfureció aún más a la linea dura del partido, cuando se anunció las negociaciones constitucionales sobre el futuro de Sudáfrica que comenzaría desde el gobierno del ANC, el Partido Nacional y otros movimientos negros. Nelson Mandela dirigió las negociaciones abiertas con el Partido Nacional de FW de Klerk ( El gobierno)  y negoció la liberación del apartheid. El apartheid fue abolido en junio de 1991, una abolición completamente validada en marzo de 1992 por los “blancos”, con todas las reformas constitucionales negociadas.

En diciembre de 1993, FW de Klerk y Nelson Mandela son a la vez el premio Nobel de la Paz.

El 27 de abril de 1994, se dan las primeras elecciones multirraciales en la historia del país -después de 4 años de negociación- y se  da una clara victoria del ANC (65%). El presidente del partido, Nelson Mandela fue elegido presidente.

Como ustedes, saben todos los que llamaban a Mandela traidor, no solo desaparecieron de la esfera pública, sino que además años después fueron llevados a tribunales por corruptos. La propia Winnie enfrentó un juicio por corrupción. Y, Mandela, el traidor, unificó al país, acabó con el régimen de segregación, con la misma colaboración de un ala del gobierno.


Lo demás es pleonasmo. No digo más.

 

Caracas 17 de marzo de 2017.

Esta noticia fue publicada por Editor

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