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¿POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS?

antonio-sanchez-garcia“En la historia del país ningún gobierno había hecho sufrir tanto, por acción y omisión, al pueblo como el que ahora administra formalmente las funciones. El desabastecimiento dramático de alimentos y medicinas es la negación palpable de una economía sana. La inseguridad y la violencia incontrolada es la negación de la capacidad de gobernar con justicia y orden. La corrupción y la injusticia sistemática imperantes son la antítesis de la honestidad y la verdad. El control absoluto de las finanzas, del derecho a la libre expresión y la persecución contra la disidencia son la negación de la confianza, la libertad y el diálogo.” Todo lo cual “configura una desfiguración ética y espiritual intolerable.”
MONSEÑOR DIEGO PADRÓN
Caracas, 8 de enero de 2017
Antonio Sánchez García @sangarccs
Prueba de la grave, de la profunda crisis que afecta a la República, es el absoluto contraste y el antagonismo aparentemente irresoluble que emerge de sendas declaraciones emitidas durante este fin de semana pasado: la de Monseñor Diego Padrón en la inauguración de un nuevo período de sesiones de la Conferencia Episcopal Venezolana, máximo evento de nuestra Iglesia católica, y la del general Vladimir Padrino, máxima autoridad de nuestras fuerzas armadas en contra del discurso del presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges.  Se resumen en las respectivas conclusiones. Mientras la declaración de Diego Padrón es una implacable requisitoria contra el equivocado rumbo que lleva la Nación – causa directa de las intolerables penurias sociales y económicas que padece nuestro pueblo, principal preocupación de la Iglesia venezolana, debida a una muy errada conducción de gobierno, producto de un sistema ideológico que atenta contra los más elementales y cristianos derechos humanos, la pérdida de la soberanía ante poderes extranjeros, la perversión de unas instituciones corrompidas hasta la médula y la confusión de partidos y personalidades políticas de los dos bandos enfrentados, que en un rasgo de ceguera imperdonable confunden sus propios intereses personales ante los intereses de la Nación -, la declaración de Vladimir Padrino viene a poner las fuerzas armadas de la República, potestad exclusiva del pueblo soberano que debiera seguir los estrictos dictados de la Constitución Nacional, al irrestricto, ciego y obediente servicio precisamente de ese mismo gobierno. Jamás en Venezuela, desde los tiempos independentistas, la Cruz y la Espada estuvieron en menor sintonía. Jamás se habían bifurcado sus caminos al extremos de reclamar uno el avieso comportamiento del Poder mientras el otro le jura lealtad eterna. Una grave contradicción histórica que de mantenerse en el tiempo terminará por estrangular la existencia misma de nuestra República.
¿Cómo podría el ministro de la defensa, sin pretender inmiscuirse en los conflictos políticos que nos agobian, desmentir el diagnóstico de Monseñor Padrón? “Casi 29 mil muertes violentas; hambre y falta de comida que sólo produce agonías y desnutrición; desabastecimiento de medicinas, que provoca decesos y reaparición de epidemias, más de 120 presos políticos injusta e ilegalmente privados de libertad; corrupción generalizada, ataque sistémico a la empresa no oficial y a los medios de comunicación independientes, la inconsulta, violenta e inconstitucional ideologización de la educación; los intentos de anular a la Asamblea Nacional; el cierre del camino electoral; la crisis financiera y últimamente, la improvisación y confusión con el uso y desuso de la moneda de mayor valor que creó gran incertidumbre y angustia en la población, sobre todo entre los más pobres. A este resumen de equivocadas políticas debo añadir, al menos, tres experiencias, diversas en su modalidad, pero convergentes en su potencial de revelas el deterioro de la calidad humana y de la convivencia social, su carácter interpelante: la masacre de Barlovento, los saqueos y el vandalismo en Cumaná, Ciudad Bolívar y otros lugares y el asalto al Monasterio Trapense en Mérida, junto con el robo y amedrentamiento a los monjes, empleados y visitantes. Todo ello ejemplifica una verdad patente, elemental y conclusiva: en la historia venezolana de los últimos cincuenta años  – si no más – los ciudadanos no habíamos atravesado una etapa tan dura, incierta e injusta.”
Elevándose por sobre los partidos, Monseñor Padrón, en nombre de la Iglesia ha abordado con coraje el grave traspiés del llamado diálogo, sin maniqueísmos ideológicos ni fariseísmos mezquinos. Ha sabido identificar a los responsables, tanto del gobierno como de la oposición: “y es que en efecto, ambas partes, gobierno y oposición, si bien a título diverso, no asumieron el diálogo en función del país, sino que lo consideraron más bien como una simple estrategia política, útil, no para dirimir los grandes conflictos que afectan a todos por igual , sino para fines particulares, incluso subalternos. A la vista de lo ocurrido, me atrevo concluir que para el partido oficial y el gobierno, el diálogo fue más bien un instrumento para ganar tiempo y frenar la presión interna y externa, y en concreto, el Referéndum Revocatorio del mandato del Presidente de la República (así como) .. .ocasión para exhibir las innumerables deficiencias, principalmente del Poder Ejecutivo, pero también de los otros poderes afines o dependientes de él, en materia de derechos humanos, economía, respeto a la autonomía de los Poderes del Estado, en particular del Poder Legislativo. , y transparencia en sus ejecutorias.”
Un documento digno de dar cuenta de este sórdido período de nuestra historia, en muchos aspectos absolutamente inédito, que sienta verdades indiscutibles que deberán ser consideradas a la hora de establecer responsabilidades y encontrar culpables “Es importante recordar, aunque sea someramente, la verdad histórica: el responsable primero y principal de que no se haya realizado el Referéndum Revocatorio en 2016 es el gobierno nacional que, temeroso de someterse al veredicto popular, utilizó alguna indecisión opositora, pero, sobre todo, subterfugios judiciales y la mayoría que tiene en el Directorio del Consejo Nacional Electoral para secuestrar, sin fecha límite, la convocatoria del Referendo, es decir, para denegar de facto el derecho del pueblo al voto en ejercicio de su soberanía”.
Tres han sido los sectores señalados de culpabilidad en mayor o menor grado en la grave situación que atravesamos: el ejecutivo y todas las instituciones a él subordinadas, en primerísimo y protagónico lugar, entre las cuales sería ingenuo no considerar a las Fuerzas Armadas, eje de sustentación de la dictadura, y la propia oposición política, en segundo lugar: “En este marco, por honestidad y deber de justicia, los jefes de algunos partidos de la oposición deberían admitir que en los días del diálogo no se comportaron a la altura de las circunstancias. No quisieron retratarse hablando con un gobierno que nunca ha dado garantías reales de cumplir lo que promete. Prefirieron preservar sus candidaturas personales de todo riesgo político-electoral. Pero este comportamiento táctico no los libra de su responsabilidad frente al pueblo”.
El tercer factor nos atañe a todos nosotros, los ciudadanos: “También a este intento de diálogo ineficaz le faltó, en esa fase al menos, el apoyo decidido y oportuno, de la ciudadanía y, más aún, de la sociedad civil organizada… La tentación desgraciadamente recurrente tanto en las instituciones civiles y democráticas como del común de los ciudadanos, es escurrir el bulto, evadir la propia responsabilidad y fomentar la antipolítica.”
La conclusión es estremecedora y meritoria de la mayor consideración y estudio por parte de todos los factores involucrados, pues da en la raíz de nuestra tragedia. Es el balance que establece la Iglesia venezolana de estos tres años de la presidencia de Nicolás Maduro: “En la historia del país ningún gobierno había hecho sufrir tanto, por acción y omisión, al pueblo como el que ahora administra formalmente las funciones. El desabastecimiento dramático de alimentos y medicinas es la negación palpable de una economía sana. La inseguridad y la violencia incontrolada es la negación de la capacidad de gobernar con justicia y orden. La corrupción y la injusticia sistemática imperantes son la antítesis de la honestidad y la verdad. El control absoluto de las finanzas, del derecho a la libre expresión y la persecución contra la disidencia son la negación de la confianza, la libertad y el diálogo.” Todo lo cual “configura una desfiguración ética y espiritual intolerable.”
Estamos ante un documento de trascendental importancia. Tanta o mayor que la que tuviera la homilía de Monseñor Arias Blanco en los prolegómenos de la rebelión cívico militar del 23 de enero de 1958, cuando el rechazo de la Iglesia a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez sería el detonante para la caída de la dictadura y el inicio de la transición democrática. La Iglesia, obviamente, no es una institución de gobierno. Pero mal puede sobrevivir un gobierno que cuente con su absoluto y pleno rechazo. Como es el caso, del “peor gobierno de nuestra historia”. Las campanas han comenzado a repicar. ¿Por quién doblan las campanas?

Esta noticia fue publicada por Editor

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