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Rosa María Payá: “Maduro es vulnerable”.

Intentando evitar que el gobierno cubano recupere un puesto en las elecciones del Consejo de Derechos Humanos (UN-HRC) el venidero 12 de noviembre, la disidente Rosa María Payá denunció este lunes en una conferencia dentro de la sede de la Organización de Naciones Unidas (ONU) las constantes violaciones que se viven en la isla, describiendo en particular las amenazas que su familia ha sufrido antes y después de la sospechosa muerte de su padre, OswaldoPayá, en julio de 2012.

Su pedido de no votar por La Habana fue calmado, pero directo, en un inglés mejor que el que ella misma admite tener: “La soberanía del pueblo cubano está secuestrada. Estos son momentos decisivos para mi nación, donde hay impunidad, amenazas, detenciones arbitrarias, golpizas y machetazos en las calles”.

A sus 24 años, Payá fue la más joven de los disidentes que expusieron su caso, en una jornada que incluyó a la rusa Masha Gessen, el saudí Ali Al-Ahmed, y los chinos Yang Jianli y Chen Guangcheng, cuyas naciones también aspiran a un cupo en el Consejo, pese a la crítica sistemática de las organizaciones UN Watch y Human Rights Foundation, ésta última presidida por el venezolano Thor Halvorssen Mendoza.

-¿Qué tan coordinada está la oposición cubana en este momento?

-Desde hace tres años “El camino del pueblo”, que es una especie de hoja de ruta para hacer viable la transición, presenta unas demandas elementales sobre derechos humanos, que implican promover cambios concretos en las leyes cubanas para permitir un plebiscito. La propuesta pasa también por un diálogo nacional al que el gobierno está invitado -pero en el ambiente del reconocimiento de los derechos humanos-, e incluye elecciones libres. Esta es la plataforma de la unidad. La mayoría abrumadora de la oposición cubana, la que está dentro y la que está afuera, ha firmado esta hoja.

Y agrega: “eso no quiere decir que todos en la oposición cubana estamos haciendo lo mismo, pero sí queremos enviar un mensaje bien claro de que trabajamos por los mismos objetivos. La oposición cubana es un tejido plural, diverso, tiene todas las tendencias políticas, como es lo natural en todos los países. Lo que no puede pasar es que nos impongan condiciones y que nos digan que porque la oposición no es un bloque compacto no habrá libertad para todos los cubanos, que nacieron con derechos naturales que el gobierno les está violando”.

-De cara a 2014, ¿en qué aspectos está optimista y en cuáles pesimista sobre un cambio en Cuba?

-El gobierno cubano lleva años intentando vender una falsa imagen de apertura y buscando la complicidad de otros regímenes no democráticos porque sabe lo vulnerable de su situación y el descontento del pueblo cubano, que está exigiendo cambios reales y tiene un camino para esa transición. Por eso quiere evitarlo para mantenerse en el poder a toda costa, aunque tenga que pasar del comunismo salvaje al capitalismo salvaje, de la amistad con Venezuela a la amistad con China. Porque no se trata de ideologías, sino de un grupo de personas que quiere permanecer en el poder con todos los recursos. En ese sentido, pues hay muchas sombras sobre Cuba para los años que vienen. Ahora, ¿cuál es una señal de esperanza? Que los cubanos están cambiando. Veo una esperanza en el ansia de libertad de los cubanos y en propuestas muy concretas como la realización de un plebiscito, que es legal, exigido desde hace 10 años, y miles de ciudadanos siguen adhiriéndose a esa demanda. Los cubanos van a continuar intentando la libertad y comenzar una transición que no ha comenzado. Y esperamos la solidaridad de la comunidad internacional en ese sentido, que no ha sido categórica. Pero eso también está cambiando. También hay esperanza para Venezuela y todos los países de América Latina que hoy están enfrentando sociedades divididas en torno a populismos que intentan perpetuarse en el poder.

-¿Dónde ve más factible el cambio: en Cuba o en Venezuela?

-Una responsabilidad muy grande de lo que está pasando en Venezuela reside en el gobierno cubano. Luchar por la democracia en Cuba es luchar por la democracia en Venezuela. La factibilidad es difícil de medir desde la oposición, pero cualquiera de los dos pueblos que recupere su soberanía va a ayudar al otro.

-¿Mantiene contactos con la oposición venezolana?

-Sí, es mucho lo que nos une. Tenemos un problema común y apelamos por la misma vía: la consulta popular. Admiramos la manera en que la oposición venezolana busca la vía democrática. Su fenómeno tiene raíz en un pasado que no era todo lo democrático que debía ser. La diferencia quizás es que en Venezuela la oposición tiene que convencer y buscar votos, mientras que los cubanos están cansados y estamos seguros de qué elegirían, si pudieran.

-Cuba sin Fidel y Venezuela sin Chávez. ¿Ahora esos gobiernos lucen más débiles o más fuertes?

-Están más vulnerables. No sé por cuánto tiempo más Nicolás Maduro va a poder garantizar su posición de “sponsor” de la dictadura cubana con los recursos del pueblo venezolano. Además ahora hay oposiciones más organizadas en ambos países y más objetivas en cuanto a lo que están exigiendo. Para mí eso es una señal de esperanza. En cualquier caso todo dependerá en gran medida de lo que nuestros pueblos sean capaces de hacer y de la coherencia de la comunidad internacional. En Chile no hubo plebiscito solamente porque los chilenos lo exigieran y arriesgaran sus vidas, sino porque toda la comunidad internacional los acompañó. Lo mismo debe pasar en Cuba.

-En Venezuela hay elecciones muy cuestionables. ¿No temen que en Cuba el plebiscito ratifique la dictadura?

-Es evidente que lo que pasó en abril no fue un proceso claro ni limpio. En ese sentido nos indigna la posición de la comunidad internacional que acepta como legítimo al gobierno cubano que no ha sido elegido por su pueblo en 54 años y que levanta la mano de Nicolás Maduro un día después de unas elecciones que todo el mundo sabe que no fueron claras. Nuestras exigencias no son ilusas de coherencia de la comunidad internacional con los principios democráticos, pero sí tenemos una posición que va dirigida a la movilización ciudadana. Es el trabajo que se realiza en Cuba y estoy segura que es igual en Venezuela.

-Viniendo de Europa del Este Juan Pablo II promovió el fin del comunismo. ¿Un Papa latinoamericano trae más esperanzas para Cuba?

-Sin duda. Tenemos un Papa argentino y un Secretario de Estado venido de Venezuela, así que por supuesto es una señal de esperanza tener en El Vaticano hombres que conocen muy bien la realidad de América Latina, y que están comprometidos con un futuro de libertad y de derechos para todos los seres humanos. La iglesia en Cuba ha estado sometida a los mismos chantajes y presiones que todos los cubanos.

De la física a la política

Rosa María Payá nació en 1989, el año que cayó el Muro de Berlín, y sin embargo nunca ha vivido en democracia. Cuando Hugo Chávez irrumpió en la palestra en 1992, Rosa María era aún un bebé, así que ha tenido que madurar con rapidez. Hace cinco meses dejó “temporalmente” Cuba, harta de recibir amenazas telefónicas.

Llueven invitaciones y viaja por toda América y Europa promoviendo una nueva etapa en su isla natal y que se aclare la muerte de su padre. Por ello dejó de lado su profesión de Físico para asumir la lucha política en el Movimiento Cristiano Liberación que él fundara.

Hace unas semanas estuvo en Panamá y en breve volverá a Bruselas y Viena, sin dejar de mantenerse al día con todo lo que acontece, especialmente en Cuba y Venezuela, país que piensa conocer lo antes posible.

“A Henrique Capriles lo respeto muchísimo. Respeto su trabajo y su esfuerzo por usar las vías democráticas. Conversamos en Miami. Ojalá el pueblo venezolano pueda alcanzar ese futuro de prosperidad y respeto a los derechos humanos que se merece”. ACG/El Universal

Esta noticia ha sido escrita por

Redacción

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